
Llegué al Aeropuerto Internacional Cesária Évora de Sao Vicente, el corazón cultural de Cabo Verde en un vuelo de Easyjet desde Lisboa.
Sólo el nombre del aeropuerto ya te indica la importancia de esta señora en la isla, y en todo el archipiélago.
Sao Vicente es una isla pequeña y su ciudad principal es Mindelo, la segunda ciudad de Cabo Verde, con casi 70.000 habitantes.
La isla está poblada por unas 83.000 personas, o sea que su gran mayoría vive en Mindelo.

Cómo ir del aeropuerto a Mindelo
Oficialmente sólo se puede ir en taxi o coche particular.
Hay una tarifa fija de 12€ para ir en taxi del aeropuerto a la ciudad y viceversa.
Pero hay un truco.
Si sales caminando del aeropuerto y subes hasta la rotonda, puedes esperar allí (hay unos muretes de piedra y un arbolito que hace sombra) a que pase un colectivo.
Te costará 150 escudos (1,5€), casi 10 veces menos que el taxi.
Los colectivos (o aluguers) salen y acaban su trayecto en la Praça Estrela de Mindelo.
Si quieres ir al aeropuerto desde Mindelo, busca un colectivo que vaya a Sao Pedro en la plaza y dile que se pare a la altura del aeropuerto. Te dejará en la rotonda.
Por eso, si viajas con poco presupuesto, es importante viajar ligera de equipaje a Cabo Verde, te dará más opciones para usar los colectivos y ahorrarte mucho dinero.
Además como viajé con una compañía low cost no facturé equipaje, llevé equipaje de mano +mochila 30l (56x45x25)
Elegí Mindelo como “base de operaciones” en Cabo Verde no sólo por su interés cultural, sino también porque está entre las otras dos islas que me había propuesto visitar: Santo Antao y Sao Nicolau.
A Santo Antao sólo se puede llegar en ferry desde Mindelo.
Mi plan era pasar 12 días en Santo Antao, volver a Mindelo para coger el vuelo a Sao Nicolau, pasar 5 días y volver a Sao Vicente para pasar la última semana y tomar el vuelo de regreso.

Mindelo
He de decir que llegué a Mindelo en plena “resaca carnavalera”.
Hacía dos días que habían “enterrado el mandinga”, aún había tribunas de asientos en las calles principales para ver pasar las comparsas y mucho silencio y caras de cansancio.
Estuve dos noches en Mindelo cuando llegué, apenas un día entero.
Me alojé en el Hostel Djambai, un alojamiento sencillo y correcto para pasar una o dos noches, está muy bien situado, cerca de todo, y es económico (22€ litera en habitación compartida)
No lo recomiendo para estancias largas porque es ruidoso, no tiene una zona común para socializar y está algo descuidado, pero para una noche de paso está bien.
Está muy cerca del mercado municipal, a 5 minutos andando de la Praça Estrela y a 15 minutos de la terminal del ferry.
De hecho está al lado del “Palacio do Povo”, una casa rosa muy ostentosa que está cerrada al público y donde se celebró el entierro de la diva descalza, Cesárea Évora.
A mi regreso de Sao Nicolau, tres semanas más tarde, pasé 4 días en Mindelo, quizá demasiados, con un par de días es suficiente.
Esta vez me alojé en Mira Mar Mindelo, un apartamento en oferta (aún no tiene la cocina montada), en un zona tranquila pero cerca de todo, donde estuve muy a gusto. (28€ la noche) Sólo aceptan reservas de 4 días o más.
En Mindelo te sale más económico comer fuera que cocinar, pues hay mucha oferta de restaurantes baratos y buenos.
Lugares de interés en Mindelo
Lo mejor es caminar por la ciudad, es muy agradable. Empieza por la calle Lisboa, arteria principal del centro, y déjate llevar

El mural de Cesaria Évora.
Este mural se encuentra en el centro, cerca de la playa.
Cesaria Évora es la reina de la “morna”, un estilo autóctono que mezcla ritmos y cadencias africanos con el “fado” portugués y da como resultado un sonido suave y pegadizo, lleno de matices.
El mural está en la plaza de Dom Luis que sirve de lugar de encuentro para muchos ciudadanos.
En un lado de la plaza, orientado hacia el mar, se encuentra el “Café Mindelo”, el preferido de muchos turistas, un poco caro para mí.
También hay un museo dedicado a la diva de pies descalzos (la llamaban así porque siempre actuaba descalza) pero ni es su casa natal, ni creo yo que los objetos que se encuentran allí sean suyos, al menos la mayoría.
Te vas a encontrar con la cara de la cantante en todas partes, en camisetas, toallas, vestidos… Incluso hay una estatua suya nada más salir del aeropuerto.
Cesária Évora fué y sigue siendo la embajadora de Cabo Verde en el mundo.
Vale la pena informarse sobre ella y escuchar su música para entender un poco más lo que significa para los caboverdianos, no sólo en Mindelo, su ciudad natal, sino en todas las islas.

El mercado municipal
Pasé muchas horas en el mercado, concretamente en mi cafetería y lugar de desayuno favorito, el “Café Verde”, situado en la segunda planta del mercado, con comida vegetariana, natural y de proximidad.
Da gusto pasearse por el mercado y comprar fruta, pero cuidado con las verduleras, que son muy “listillas”.
Muy cerca del mercado, de hecho te lo encuentras si sales por una de sus puertas laterales, está el restaurante London.
Tienen “prato del día” por 600 escudos y es muy bueno casi siempre.
Fuí varias veces a este restaurante, muy local a pesar de su nombre, y lo recomiendo.

Centro Cultural de Mindelo
El edificio estaba en obras de restauración, las inundaciones del verano pasado casi lo echan abajo, pero tiene muy buena pinta y me dijeron que tenían previsto abrir en Abril.
Está a la vuelta de la esquina del mural de Cesária Évora, o sea que no cuesta nada pasar por allá ver si ya han abierto.

Praça Estrela
La Praça Estrela, a mi modo de ver, es el centro neurálgico de Mindelo.
No es sólo donde paran todos los colectivos, es el gran mercado de la ciudad.
En este enorme recinto puedes encontrar de todo, desde telas africanas a juegos de madera, artesanía… es el sitio ideal donde hacer tus compras de recuerdos.
En la misma plaza se encuentra el mercado de peixe, una bofetada a los sentidos, entre los gritos, el olor a pescado y la alegría de las pescaderas, es una visita que no olvidarás.

También puedes visitar la Quintal das Artes, donde se apoya al artista local, sobre todo pintores, escultores y artesanos.
También se hacen conciertos periódicamente.

Playa de Laginha
Se supone que es la playa por excelencia de Mindelo.
Fuí una vez y no me gustó nada.
Siempre digo que hay que hacer caso al instinto y mi instinto me dijo que me fuera de allí.
La playa no es especialmente hermosa, aparentemente es de arena dorada pero hay tierra dura debajo.
El agua tampoco está muy limpia, el puerto está cerca y seguro que ahí se sueltan aguas residuales.
Han construido un hotelazo horroroso y las edificaciones recuerdan un Benidorm venido a menos. Los bares están abarrotados y son caros.
Más tarde me enteré que es la zona donde hay más carteristas y asaltos a turistas.
Sinceramente, si quieres ir a la playa, coge un colectivo a Sao Pedro, Salamansa o Bahía das Gatas y te das un baño allí, en una playa “de verdad”, limpia y con arena.
Hay muchos otros sitios interesantes en Mindelo, como es una ciudad pequeña, lo mejor es dejarte llevar, preguntar a los locales y abrir bien los sentidos.
Música en Mindelo
Una de las cosas que más me apetecía era escuchar música en directo, había leído que hay muchos locales con música en directo al atardecer.
Me acerqué a varios de ellos, los más conocidos como el “le Metalo»: espectáculo absolutamente para guiris y muy caro.
También asomé la nariz en “la Pérgola», aunque era mejor, no me pareció nada auténtico.
“Casa da Morna», más de lo mismo.
En el “Nautilus» me quedé un ratito más, pero eso no era lo que yo buscaba.
Demasiado para turistas. Sólo faltaba que nos sacaran a bailar la conga.
Me dijeron que los fines de semana hay más movimiento y conciertos en la calle y en las plazas, pero el fin de semana me fuí a Sao Pedro, porque estaba un poco harta ya de Mindelo, la verdad.
Por supuesto que esa es mi impresión subjetiva.
Mi pareja es músico y ha trabajado en hoteles y restaurantes, y no es donde un artista saca su creatividad, es donde saca su sueldo. Y eso se nota.
En ese momento me hubiera gustado tener algún contacto en Mindelo, alguien de allí que me llevase a un sitio donde escuchar música que sale del corazón, no del bolsillo.
Encontré lo que buscaba en Santo Antao, lo cuento en el siguiente artículo.

Salamansa y Baia Das Gatas.
Como estaba ya un poco saturada de Mindelo, que no deja de ser una ciudad ruidosa y turística aunque tenga su encanto, tomé un colectivo para ir a pasar el día a al pueblo pesquero de Salamansa.
Hay muchos colectivos que van en esa dirección.
Los colectivos, como ya expliqué en el artículo anterior, son furgonetas que no tienen un horario fijo, salen cuando están llenas, y aparte de gente llevan mercancías.
Si vas a la Praça Estrela, te acercas a las furgonetas y preguntas, no tardarás en encontrar una que te lleve donde quieres.
El precio para ir a Salamansa es de 150 escudos y puedes ir un poco apretada y habrá muchas paradas, pero te llevará.
Me encantó Salamansa, que es un pequeño pueblo muy auténtico.
La playa es enorme y casi no había nadie.
Es cierto que soplaba viento, pero sentarte en la playa a contemplar el paisaje y meditar un poquito es un gustazo.
Luego me dí un paseo por la inmensa playa (debe medir como 3 o 4 km). No me bañé porque hacía mucho viento y hay mucha corriente en esta playa, pero es muy hermosa.

Y si te da hambre, hay un “chiringuito” de crepes en medio de la inmensa playa desierta, también hacen zumos de frutas, y los precios son razonables.
A primera hora de la tarde, tras unas horas en la playa, un crepe de banana y un zumo de papaya, decidí empezar a buscar la manera de volver a Mindelo.
Paré un colectivo lleno de niños, le pregunté si iba a Mindelo, me dijo que sí y subí.
Cuando llegamos a Baía das Gatas todos los niños se bajaron y el conductor me dijo que me bajara.
Yo le dije que iba a Mindelo, me dijo que no, que no me había entendido y se quedaba aquí, encima me quería cobrar 200 escudos por un trayecto de 3km.
Le dí 50 y una mirada asesina y me bajé.
O sea que llegué a Baía das Gatas sin querer.
Estas cosas pasan y lo mejor es sacar lo bueno de ellas.
Se nota que está población es el lugar de vacaciones de la gente de Mindelo, es como una gran urbanización. Es aquí donde se celebra el famoso festival de música en agosto, dura unos cuantos días.

Al ser una bahía sus aguas son más calmadas. Hay unos embarcaderos de madera que te llevan a aguas limpias y tranquilas y ahí es una delicia bañarse.
Y como no me había podido bañar en Salamansa, me bañé aquí. Nada pasa por casualidad.
Ya a media tarde llegaron algunos colectivos cerca de la playa.
Alguno era privado, llevaba a grupos de gente que lo habían contratado, pero no tardé en encontrar un aluguer.
Tuve que esperar a que se llenara pero al menos ya no estaba al sol. cuidado con el sol en Cabo Verde.
Fué genial salir de la ciudad, por eso decidí pasar mis últimos días en Cabo Verde en Sao Pedro.

Sao Pedro
Había pasado más de tres semanas recorriendo Santo Antao, Sao Nicolau y Sao Vicente, me quedaban 4 días antes de volver a casa y buscaba un sitio tranquilo.
Decidí pasarlos en Sao Pedro, que además está muy cerquita del aeropuerto.
Me alojé en Rose´s Place, la casa de Rosie y Vuka, y no podía haber elegido un sitio mejor (entre otras cosas porque tampoco hay mucho donde elegir).
La familia vive en la casa y alquilan habitaciones con baño.
Las habitaciones son sencillas pero correctas.
En el precio está incluido el desayuno, y es copioso y variado.
Lo mejor de la casa son sus vistas a la playa y a las puestas de sol.
Tiene una terracita donde pasé todas las tardes que me alojé allí.
La pareja trabaja fuera y la casa queda a cargo de Kizzu, la chica que se ocupa de los desayunos, la limpieza y mantener el orden en la casa.
Es una chica trans, muy alegre, vivaracha y presumida, a pesar de que le ha tocado una vida dura.
Nos hicimos muy amigas y me contó muchas cosas de la vida en Sao Pedro, un pequeño pueblo de pescadores con mucha vida y muchas contradicciones.

Nadar con tortugas
La actividad turística por excelencia en Sao Pedro es ir a nadar con un grupo de tortugas verdes que viven cerca de la playa.
Queda poca gente que viva de la pesca en el pueblo.
Los pescadores me contaban que les han reducido tanto las cuotas de pesca que ya no resulta rentable.
Muchos de ellos se dedican a llevar a los turistas con sus barcas donde se encuentran las tortugas, a unos 30 o 40 m de la playa.
Antiguamente se pescaban las tortugas y servían de alimento, hoy en día se ganan la vida llevando a los turistas hasta ellas por 30€ por persona.
Desde luego es una actividad muy lucrativa.
Las tortugas en la naturaleza migran del sitio donde nacieron nada más nacer y sólo vuelven para desovar.
Éstas son alimentadas por los pescadores y no tienen la necesidad de migrar.
Aunque ellos dicen que las tortugas son libres, están encerradas en grandes cercos de redes la mayoría del tiempo.
Les dicen a los turistas que no se acerquen demasiado, que no las toquen.
Pero cuando una barca suelta 10 turistas en el agua, que gritan y chapotean, estoy segura que persiguen y tocan a las tortugas.
Y eso varias veces al día.
Las tortugas sufren un gran estrés y muchas de ellas acaban enfermando.
Por supuesto decidí no formar parte de ese circo, y no sólo eso:
cada vez que me venían a ofrecer si quería ir a nadar con las tortugas les decía que no, y si insistían, les soltaba un rollo sobre sostenibilidad, que las tortugas son su patrimonio y las están explotando…
Al segundo día ni un solo pescador se acercó a mí.
Y así el resto de los días que estuve allí, lo cual es un alivio, porque son muy insistentes.
La mayoría de los chicos que se dedican a eso son pescadores, pero hay un grupo que van puestos hasta las cachas.
Todo lo que ganan se lo fuman y se lo beben, se pasan el día en la playa captando turistas, llevándolos a ver tortugas y fumando marihuana y bebiendo grogue.
No son mala gente, de hecho son muy simpáticos, pero a veces, cuando van muy pedo, se pueden poner pesados. Tenlo en cuenta.

La playa de Sao Pedro
Como la playa mide 2,5 km lo mejor es alejarse de la zona de las barcas y caminar un poco más hacia el centro.
Puedes llegar al otro lado, donde está el faro, es una zona super pija, con chiringuitos caros y un par de resorts turísticos.
Yo me iba al centro de la playa, donde no había nadie, y ahí me podía bañar sin preocuparme de mis cosas, porque si alguien se acercaba lo veía desde muy lejos.
Mejor que no te alejes mucho porque hay corrientes, pero puedes nadar y el agua está fresquita, limpia y deliciosa.
Un día por la mañana vinieron dos tortugas hasta donde yo me estaba bañando, así que acabé nadando con tortugas sin querer.
Yo creo que me hicieron un regalo por defenderlas.
Luego me enteré que pasa muy a menudo, están acostumbradas a la gente y cuando quitan las redes algunas se van a dar un paseo a la orilla.
Una pareja alemana que se alojaba en el mismo sitio que yo las vió también al día siguiente.
Eso sí, cuidado con el sol. La temperatura era agradable, unos 25 grados, corría una brisa fresquita y sin darte cuenta el sol tropical te va abrasando la piel.
Protector solar 50 cada hora, no exagero.
Y del mediodía a las dos de la tarde, a la sombra.
La chica alemana se quemó horriblemente.
¿Qué hacer en Sao Pedro?
Pues no hay mucho que hacer en este pueblecito.
A mí me fué muy bien porque estaba cansada de hacer cosas y en los últimos días de mi viaje, pero puede ser aburrido.
Apenas hay alguna mini tiendita en algún portal, 3 restaurantes y un par de bares.
Puedes caminar hasta el faro, es un buen paseo.

A mí me gustaba meterme en el pueblo, donde no van los turistas, las calles son de tierra y hay muchos edificios abandonados.
Tiene un aspecto como de favela o algo así y a los guiris les da cosita, pero hay mucha vida.
Me ponía a hablar con las señoras que vendían cosas, un día fuí a parar a una casa donde una señora hacía yogures caseros con leche de cabra.
Te los vende en botes de cristal con tapa que tienes que devolver al día siguiente.
¡Estaban buenísimos!
Al estar 4 días en el pueblo, la gente me saludaba como si fuera una más, algunas me llamaban por mi nombre y me preguntaban cómo estaba… y eso me encanta.
Desayunaba en mi alojamiento, iba a comer a alguno de los tres restaurantes y para cenar me compraba un yogur, algo de fruta y algún fruto seco que tenía por ahí.

Dónde comer en Sao Pedro
Yo fuí en “invierno”, en temporada baja, y sólo había tres restaurantes abiertos.
Suele haber alguno más, pero las inundaciones de agosto hicieron mucho daño y nadie está seguro de sí abrirán o no.
Turtle Beach: Está en la playa. No está mal,el propietario es italiano y hacen una pasta muy rica. Un pelín caro y siempre está lleno.
Lua de Mel: Propietaria francesa, algo pretencioso, bastante caro, y la comida no es muy buena.
Naky´s: restaurante local, está un poco a las afueras, detrás del campo de fútbol, pero puedes comer comida local a buen precio. Mi favorito.
Puestas de sol
Las mejores puestas de sol las tenía en «casa». Rosie ya había regresado y nos poníamos a hablar o me enseñaba a jugar a “ouril”, que es el típico juego de África Occidental, también conocido como “awalé” o “wari”.

Ver la puesta de sol desde la terraza de Rose´s Place fué mi ritual esos 4 días. Le decía a Rosie que no sabía la suerte que tenía de vivir ahí.
Ella hacía un té y nos poníamos a ver el espectáculo. ¡Cómo echo a faltar esos momentos!
Sí, ya sé que el sol se pone cada día, pero no hay una puesta de sol igual, y alguna fué sencillamente espectacular.
El día de mi partida pensaba ir andando hasta el aeropuerto, era una media horita, está bien cerca, pero Vuka, el señor de la casa, tenía que ir a trabajar a Mindelo y se ofreció a llevarme.
Me sentí muy a Gusto en Sao Pedro, me dió lo que necesitaba, unos días de relax y socialización antes de volcer a casa.

Conclusión
Sao Vicente es una isla interesante, pero yo creo que con un par de días en Mindelo y una visita a sus playas hay suficiente.
Viajo despacio y me gusta saborear los sitios en los que me encuentro, pero si tienes pocos días, mejor concéntralos en Santo Antao, que es la joya de Cabo Verde.
En el próximo artículo te hablaré de Santo Antao, una isla espectacular, donde estuve 12 días inolvidables.
Otros artículos de Cabo Verde:
Cabo Verde, alegría y morabeza
Santo Antao, el paraíso vertical de Cabo Verde
Sao Nicolau, el tesoro escondido de Cabo Verde
Si estás pensando en viajar a Cabo Verde y tienes dudas o preguntas, escríbeme abajo o contactame por whatsapp, tienes el icono abajo a la derecha.
¡Prometo responder!