fbpx

 

 

 

 

Viaje en grupo a Kenia y mucho más que safaris

 

Pasaporte solidario

Como ya sabes, mi manera favorita de viajar es sola e improvisando, pero eso no quiere decir que no me apunte a experiencias en grupo, aunque debo decir que soy muy selectiva.

Los viajes en grupo hoy en día son píldoras concentradas, donde se intenta ver y vivir lo máximo posible del lugar en 12 o 15 días.

Si sólo tienes dos semanas seguidas de vacaciones, es la opción más práctica.

Suelo viajar sola un mínimo de 4 semanas, y, en general, acabo visitando lo mismo que en los viajes en grupo de 12 días, sólo que con calma, a mi ritmo, sin prisas y pudiendo asimilar lo vivido.

Tener más tiempo supone poder digerir las experiencias y vivirlo todo con más profundidad, y además sale más barato.

Sin embargo, a veces se te cruza un proyecto chulo, como el de Marta y Salu, Pasaporte Solidario, que hacen viajes solidarios por Kenia, el país de Salu, donde viven el mayor tiempo del año.

La unión de conocimientos de ambos, las ganas de mostrarte el país tal cómo es, sin trampa ni cartón, de favorecer a la población local y de dejar una huella positiva con sus viajes, me llamó la atención.

Conocí a Marta en una formación online hace 4 años, y, sin habernos visto nunca, compartimos inquietudes (sobre todo en la época de pandemia) entre nosotras y con otros compañeros con proyectos viajeros, nos apoyamos, hice alguna mentoría con ella y el fantástico programa “Hakuna Matata”…

Y cada año le decía “en cuanto pueda me voy a Kenia en uno de tus viajes”. 

Después de 4 años…. ¡Por fin llegó el momento!

El viaje

Me apunté al viaje de 12 días del puente de diciembre (que al final fueron 13), encontré unos vuelos a Nairobi por 509€ ida y vuelta, y me fuí para allá.

El viaje en sí es un gustazo. Combinar Masai Mara con la isla de Lamu y sazonarla con visitas a ONGs.  

Esas visitas pueden tener un sabor amargo, pero a la vez te reafirman en que hay gente maravillosa en el mundo, que luchan por los derechos de quien no los tiene, para mostrar que un mundo mejor es posible.

Y todo eso espolvoreado de sorpresas, que Marta esconde bajo la manga y te va regalando en el camino. 

Una de las cosas que no me gustan de los viajes en grupo es que se pierde el factor sorpresa, y Pasaporte Solidario sabe muy bien cómo añadir ese condimento.

El propio país también pone de su parte.

 

Visitas a ONG’s en Nairobi

Nos quedamos un par de días en Nairobi, de lo cual me alegré mucho porque mi mochila decidió quedarse en París un día más.

Es la cuarta vez que me pierden el equipaje. Por eso llevo ropa y lo que necesite por un par de días en el equipaje de mano.

En esos dos días visitamos el museo de Nairobi, hicimos un free tour a pie por la zona rica de la ciudad y visitamos 2 ONGs.

 

Imani Orphan Care Foundation

La primera ONG que visitamos fué Imani Orphan Care Foundation 

Nos recibieron con alegría a pesar de las historias terribles que llevan detrás. Esta fundación se dedica a acoger a niños abandonados en las calles de Nairobi, alguno con apenas unos días de vida.

Podría haber sido una visita triste y desgarradora, pero fué todo lo contrario. La fuerza que transmiten las que trabajan allí, el tesón por sacar a los niños adelante se contagió en nosotros.

Te das cuenta de la importancia de este tipo de iniciativas, de gente que dedica su vida a mejorar la de otros sin mirarse al ombligo.

La actual coordinadora del centro en Nairobi fué una niña Imani.

Aunque son incontables los niños que desaparecen en las fauces de Nairobi, hay una puerta abierta para ellos, y se llama Imani.

Aquí tienen alimentos, educación, valores, hermanos y amor.

Poco a poco la fundación va creciendo y ya tienen varios centros repartidos por el país.

Cara Girls Rescue Center

Al día siguiente fuimos a visitar Cara Girls Rescue Center

En este pequeño oasis a las afueras de a ciudad viven niñas o adolescentes que han sufrido mutilación genital, abusos sexuales, matrimonios forzados, maltrato y agresiones.

El objetivo de la organización es dar soporte a madres y mujeres en desventaja y ayudarlas a integrarse y contribuir al desarrollo de sus comunidades.

La mayoría de las niñas que llegan al centro pertenecen a la comunidad Masai. Y es que tradicionalmente para los Masai es más importante una vaca que una mujer, con eso te lo digo todo.

La mutilación genital femenina forma parte de su tradición, y, aparte de los daños físicos que conlleva, supone un cambio de estatus.

Las niñas mutiladas dejan de ir a la escuela, se las casa con hombres muchas veces mucho mayores que ellas, que a lo mejor ya tienen otras esposas (la sociedad Masai es polígama).

La mayoría de los malos tratos posteriores vienen a raíz de la mutilación genital.

Ya es una mujer, ya está en el mercado (se paga dote por las novias), su futuro depende de cuántas vacas quieran pagar por ella.

Y lo más triste es que son las propias mujeres las que fomentan estas prácticas y empujan a sus propias hijas a hacer lo que les hicieron a ellas. 

Nos contaba la coordinadora del proyecto que lo más importante es romper la cadena generacional, si una madre no practica la ablación a su hija, ésta tampoco permitirá que se le haga a sus hijas.

Y para eso hace falta tiempo, educación y sembrar en campos yermos, porque romper una tradición ancestral es muy difícil.

Admiro a estas grandes mujeres que luchan contra tradiciones injustas. Nadan a contracorriente en un mar de prejuicios e ideas falsas.

En cada una de las ONGs recibieron a Marta con calor familar, se nota que la quieren mucho, y hace que te sientas parte de algo muy bonito.

Lamu con Salu y Marta

Después de dos días intensos en Nairobi y con los dos equipajes del grupo recuperados, salimos hacia Lamu.

Vuelo de una hora larga hasta la isla de Mada y lancha hasta Lamu.

Llegamos el último día del Festival Cultural y la ciudad estaba en plena ebullición.

Carreras de burros, dhows (embarcaciones árabes de una o más velas latinas) preparados para la última competición, concursos y competiciones de todo lo que te puedas imaginar… ¡Una locura!

Un poco de historia

Voy a ponerte Lamu en contexto: 

Lamu, es la más antigua y mejor conservada ciudad swahili del Àfrica oriental, manteniendo sus funciones tradicionales. 

Construida en piedra de coral y madera de magle, la ciudad sorprende por la simplicidad de sus formas estructurales, enriquecida con patios interiores, barandillas y puertas de madera artísticamente talladas. 

Es aún el centro de los principales festivales religiosos musulmanes desde el siglo XIX y se convirtió en un importante centro de estudio de las culturas islámica y swahili.

Lamu fué declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001.

Nos encontramos en una pequeña isla musulmana, salpicada de influencias de todo el mundo. India. Persia…incluso los portugueses estuvieron por la isla unos años.

Callejear por Lamu es un gustazo, en sus calles estrechas hay escondidas puertas de madera labrada, paredes de coral, burros cargados de cosas, pequeñas tiendas de artesanía…

Es de esos lugares para recorrerlos despacio, mirando en todos los rincones, con alma de niño.

Y luego está el “front”, el paseo marítimo donde la vida palpita.

Y las llamadas a la oración, un sonido del que nunca me cansaré. Hay gente a la que le molesta, pero a mi siempre me ha gustado. 

En Lamu no hay coches. La mayoría de los transportes se realizan en burro, hay alguna motocicleta y la ambulancia del pueblo es un tuk tuk.

Los burros son muy importantes en Lamu, incluso tienen un hospital.

Cuando llegamos nos sorprendió el calor pegajoso y húmedo del verano lamunio, no todo el año es así, llegamos en el momento más caluroso.

Por la tarde, y pese a que el cielo era de color plomo, decidimos seguir la carrera de dhows desde el dhow que patronea Salu, ahí ves que Salu está a sus anchas, un isleño en su elemento.

Nos llovió a lo grande y al final se suspendió la carrera por falta de viento, pero disfrutamos mucho.

Al día siguiente nos volvimos a subir en el dhow del capitán Salu, esta vez para pasar un día de playas y snorkel. Se levantó un día radiante sin nubes.

Superando miedos irracionales

Snorkel. Uno de mis miedos. Aprendí a bucear a pelo, sin tubos ni gafas, y no tengo ningún problema.

Pero las gafas de bucear me producen ansiedad y acabo tragando más agua que el filtro de una piscina.

Había llegado la hora de superar mis miedos y hacer algo nuevo, algo que no había hecho nunca en mis 58 años. 

Fué un día genial, lo pasamos como enanos, reímos y lloramos juntos, comimos una comida deliciosa preparada con todo detalle por la tripulación, nos pusimos cremita, algunas nos quemamos y ¡hice snorkel!

Muchísimas gracias a María, una de las dos «galleguiñas» del grupo, que se tomó la molestia de explicarme cómo iba la cosa. 

Con sus explicaciones y mis ganas superé mis miedos y buceé con gafas y tubo. 

Y lo disfruté como sólo se disfrutan las cosas que haces por primera vez.

Afrikable

En Lamu también visitamos Afrikable, una ONG que trabaja para el empoderamiento de la mujer y el comercio justo.

Allí nos hablaron del proyecto, comimos y participamos en un taller de artesanía.

Puedes comprar artesanías hechas en Lamu y de comercio justo en su web, y además hacen cosas preciosas. 

Últimas horas en Lamu

Hicimos un taller de talla de madera en el pueblo, donde me dí cuenta de que hemos perdido la costumbre de trabajar con las manos.

Básicamente destrocé madera, pero valió la pena porque ahora, cuando veo madera tallada, le doy mucho más valor al trabajo.

La última mañana Anabel y yo decidimos tomarnos unas horas para callejear y hacer compras, y por la tarde, lluvia y vuelo a Nairobi.

Gracias Marta y Salu por abrirnos las puertas de vuestra hermosa isla, es de esos sitios a los que volveré, estoy segura. ¡Inshallah!

 

 

Masai Mara con ADCAM

Después de pasar noche en Nairobi nos montamos en la furgo y nos dirigimos a Masai Mara. Nos alojamos en el campamento ecológico Sawamara de ADCAM y me encantó.

Ya sabeis que el tema de la sostenibilidad en los viajes es importante, y de entrada en este campamento me sorprendió su compromiso con su entorno.

Te dan una botella de cristal para rellenarla en los puntos de agua potable. Nada de botellas de plástico

Los menús son de aprovechamiento, aquí no se tira nada, la comida es sencilla pero hecha con imaginación y mucho cariño.

Las tiendas son muy confortables y bien equipadas, con baño completo y ducha a cielo abierto.

Todo el campamento está gestionado por masais, sólo vimos hombres aunque sabemos que en la cocina hay una mujer. Son muy majos y agradables.

El líder del proyecto es William Kikanae, un gran comunicador y mejor conductor y guía. 

Fué un lujazo tenerlo de guía por la sabana, cómo sabe leer el comportamiento de los animales…

Podría ponerme a contaros en qué consiste este proyecto, pero creo que es mejor que te lo cuenten ellos: ADCAM

 

De safari por la sabana

Cada día salimos con los jeeps a ver animales.  

Un atardecer nos pilló una tromba de agua como no habíamos visto nunca y tuvimos que salir por patas hacia el campamento, a ratos los jeeps no rodaban sobre el suelo, se deslizaban sobre el agua como barcas.

Fué una aventura de las que no están preparadas jeje.

Lo cierto es que las lluvias le dan a la sabana un aspecto increíble, te imaginas la sabana de un color pajizo, y estaba verde como un interminable campo de golf.

Había agua por todas partes, sobre todo después del aguacero brutal, y los animales aprovecharon para darse baños de barro y zascandilear por la sabana.

Vimos a 4 de los 5 grandes: elefante, león, rinoceronte y búfalo. Nos faltó el leopardo, el más esquivo.

También vimos jirafas, cebras, ñus, hienas, una manada de búfalos de unos 200 moviéndose de sitio, hipopótamos…

Espiamos a una leona a la que le había tocado cuidar de los cachorros mientras las otras se echaban una siesta en la hierba fresca.

Se subió a un tronco para vigilarlos mientras los cachorros jugaban. Una escena preciosa justo antes de la puesta de sol.

Tuvimos un encontronazo con un elefante que estaba como una cabra y nos dió un buen susto.

Dos días de safari inolvidables, siempre acompañados y casi malcriados por los guerreros masai.

Que, por supuesto y a pesar de las lluvias vespertinas, nos despidieron la última noche con bailes y canciones masai.

 

Visita a la manyatta

El último día visitamos la manyatta, el poblado donde viven las mujeres y los niños de la comunidad. Está cerquita del campamento.

Y volvimos a cantar y a bailar. Visitamos su mercadillo de artesanía para comprar productos que las mujeres elaboran y que les dan un poco de independencia económica.

No soy compradora, nunca me ha gustado ir de compras, pero los mercados como este me encantan. 

Saber que le pagas directamente al artesano, que no hay intermediarios, que se benefician las que han hecho el trabajo… es en estos lugares donde compro todos los regalos de mis viajes, porque sé que es un regalo doble.

Me fuí de Masai Mara con el corazón de sabana y con muchos aprendizajes.

Hell´s Gate y Lago Naivasha 

Como he comentado más arriba, el viaje se alargó un día más porque compramos vuelos con el regreso un día más tarde (salían mucho más baratos), y Marta nos propuso ir a Hell’s Gate y el lago Naivasha. Todos nos apuntamos.

¡Y fué un gran fin de viaje!

Recorrimos la parte alta del cañón en bicicleta, un paseo de lo más agradable viendo animalitos y disfrutando de un paisaje espectacular.

Por la tarde fuimos al lago Naivasha, otra experiencia increíble, cruzamos el lago en lancha, observando a familias de hipopótamos, para llegar a una parte de la orilla muy especial.

Y es que es una zona donde se filmaron escenas de “Memorias de África”, para lo cual llevaron familias de animales allí: jirafas, cebras, impalas, dicdics… y allí se quedaron. 

Los descendientes de esas familias de “figurantes” viven tranquilamente, sin depredadores, y puedes pasear entre ellos, siempre siguiendo las instrucciones de los guías, por supuesto.

No me podía imaginar una jornada mejor para despedir Kenia.

 

Conclusión

Ha sido una experiencia compartida con gente muy bonita, en un entorno espectacular y de la mano de Marta y Salu.

No lo cuento todo porque no quiero destripar sorpresas, y posiblemente también por mi memoria de Pumba.

Y porque hay cosas del viaje que se quedan en el viaje…

Quiero darle las gracias sobre todo a la mejor compañera de habitación que te puede tocar en un viaje, con quien nos hemos llevado como hermanas desde el primer día.

¡Gracias por todo Anabel!

¿Que si recomiendo viajar a Kenia con Pasaporte Solidario? Definitivamente sí, un sí rotundo con mayúsculas.

Sobre todo si quieres tener un primer encuentro con Kenia de un modo responsable y solidario y quieres dejar una sonrisa y una huella positiva a tu paso.

Su receta es perfecta, Y te hace ver que Kenia es mucho más que safaris.

Sólo estoy deseando que saquen nuevas aventuras para vivirlas con ellos.

Y nunca olvidaré esta puesta de sol.