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Qué no es “Slow travel”

Hoy en día viajamos como hacemos todo en la vida: con prisas, con objetivos, con una lista de lo que debemos ver y hacer, con un programa y poniendo el despertador cada noche. Eso no es «slow travel».

Organizamos viajes programados al minuto, sin tiempo para respirar.

También proliferan los viajes en grupo con dinámicas, o sea que, además de visitar muchos “must see”, te proponen retos y juegos que se supone que son para cohesionar más el grupo.

O sea que no tienes tiempo de asumir dónde estás y lo que estás viviendo.

Cuando llegas a casa estás agotada y tu cerebro está saturado de inputs que no has tenido tiempo de asimilar.

Si es así como te gusta viajar no hay problema, he hecho viajes en grupo, de vez en cuando me apunto a alguno y tienen momentos geniales, pero hace tiempo que me cansé de esa forma de viajar.

Desde luego los viajes en grupo son muy cómodos: no quieres viajar sola y te da pereza o no tienes tiempo de crear tu propio viaje, aunque sepas que te sale mucho más económico.

O sencillamente, te da miedo lidiar con la incertidumbre en tu viaje y prefieres tenerlo todo programado.

Pero se pierde algo en los viajes organizados en grupo, y es la libertad de hacer lo que quieras cuando quieras. Eso que tampoco tenemos en nuestra vida cotidiana.

Qué es “slow travel”

Mi manera favorita de viajar es por mi cuenta, improvisando y sola.

Y como voy creando el viaje mientras estoy en él, me tomo mi tiempo para asimilar las experiencias vividas.

Quizá no vea todos los monumentos ni haga todos los “must see” del lugar, pero elijo lo que más me llama y lo visito con calma, con tiempo y asimilando.

Y además me tomo mi tiempo para compartir con la gente local:

una conversación con el barbero, unas risas con unas estudiantes, intercambio de información y buenos ratos con la gente del lugar. 

Es algo que no puedes hacer cuando viajas en un grupo de 10 o 12 personas a toque de pito.

Eso, hoy en día, es lo que me enriquece de los viajes.

Aprender y compartir con la gente del lugar.

Me llena mucho más que una foto fantástica delante de un conocido monumento.

Aprendes a creer en tu instinto, tienes la libertad de hacer lo que quieras, eres absolutamente libre de decidir si te quedas unos días más porque el sitio te gusta y te aporta, o largarte porque ya te ha dado lo que buscabas.

Te escuchas

En nuestra vida no tenemos tiempo de escucharnos. A veces incluso nos da miedo mirar hacia dentro, porque tenemos un poso de “cosas pendientes contigo mismo”, que no sabríamos por dónde empezar.

En un viaje de piel, viajando despacio, lo importante no es el destino, ni las actividades, ni las fotos.

Lo importante eres tú y las experiencias que vivas en el lugar.

Eres tú la que tienes que lidiar con un entorno nuevo a miles de kilómetros de distancia de tu zona de confort, con una cultura distinta y un idioma desconocido.

Y tienes que adaptarte rápido, aprender cómo funciona la moneda y el precio de las cosas, a comunicarte con la gente. Pones a trabajar tu empatía a full.

Cuando ya le empiezas a coger el pulso al lugar (puede ser entre un par de días o una semana, depende de tu empatía y del lugar que visitas), cuando te has familiarizado con el entorno y lo has hecho tuyo, te puedes relajar.

Ahí empieza el viaje de verdad. Te mueves relajadamente, buscando un sitio en el que te sientas a gusto.

Puedes ir a ver monumentos o hacer actividades, por supuesto, si te viene en gana y está en tu presupuesto, pero eso no es lo más importante.

Aprendes de tu nuevo entorno

Lo más importante es que estás en un entorno nuevo, las cosas funcionan de otro modo, la comida es distinta, los olores son desconocidos, quizá hablen un idioma nuevo para ti, todo tiene otro sentido.

Como exploradora curiosa quieres saber más, y preguntas (no a la oficina de turismo, sino al señor sentado en un banco).

Cuando te abres al mundo, el mundo se abre a ti.

La empatía es una energía que llega a todo el mundo, cuando llegas a un sitio saludando con una sonrisa es fácil que acabes hablando con alguien.

Los mejores lugares que he visitado no estaban en una guía. Llegué a ellos por recomendación de la gente del lugar o de otros viajeros.

Me han invitado a comer, a dormir, a viajar con ellos… no es lo más frecuente, pero sucede, y esos momentos son muy enriquecedores.

 

Atención plena

El viaje depende de ti, tú eres la única responsable de tus acciones, tomas tus propias decisiones y cometes tus propios errores. 

Una vez eres consciente de eso, se te despliegan las antenas. 

Esas antenas que están oxidadas de no usarlas, porque en tu vida cotidiana no te hace falta porque vas con el automático puesto.

Empiezas a prestar atención a todo

Te fijas en todo lo que hay a tu alrededor, escuchas, hueles, tocas… al principio lo haces porque, al depender sólo de ti misma, te vuelves precavida.

Pero luego le coges el gusto a ir todo el día con las antenas puestas, con los sentidos abiertos, porque todo lo que te rodea es nuevo y no te quieres perder nada.

La mayoría de los viajeros no pueden ir a un país sin visitar los “must see” y hacerse una foto.

Cuando viajas despacio no te pierdes nada. Todo lo que te sucede  es único.

Hablo con muchas viajeras que me dicen que quieren verlo todo y que el tiempo es limitado, porque ya que están ahí no quieren perderse nada.

¿Sabes qué es el “FOMO”?

FOMO es un acrónimo para una expresión de origen inglés que describe un problema que se ha extendido en el siglo XXI, especialmente entre los jóvenes. 

FOMO significa «fear of missing out», es decir, «miedo a perderse algo».

Este síndrome tiene mucho que ver con el uso de las tecnologías hoy en día. 

Si viajas, quieres ver y visitar todo lo que ves en las redes, en los blogs de viajes, porque vas a estar ahí y no quieres perderte nada

Y te haces una lista de todo lo que quieres ver en 15 días, y, aún descartando cosas, no te da la vida.

Relájate. 

Es imposible verlo todo. 

Un país no se conoce en 15 días ni en un mes, ni en un año. 

El slow travel no se trata de ver, sino de sentir.

Lo importante no son las visitas a lugares, ni las fotos instagrameras. 

Recuerda, lo importante son las experiencias y los aprendizajes. 

Lo importante eres tú

Y es que irse de vacaciones hoy en día parece más una competición por no perderse nada que unos días libres en los que disfrutar de las horas.

Slow travel y sostenibilidad

Si viajas despacio, disfrutando del entorno, te alojas en negocios familiares, comes en los restaurantes del pueblo o en los puestos callejeros, haces actividades con gente local… estás favoreciendo a la gente del lugar.

Eso es viajar de manera sostenible.

Valorar el producto propio y artesanal, mimetizarte con el viaje, la cultura y el paisaje, ser uno más en vez del guiri que llega en manada y lo alborota todo, es un gustazo.

Hay que dejar de coleccionar sellos en el pasaporte y fotos en las redes.

Cuando viajas despacio, coleccionas momentos.

Y además favoreces a la gente de los lugares que visitas, que es algo en lo que pensamos poco.

 

 

9 Consejos para practicar el “slow travel”

1. Escoge un país pequeño o un área concreta.

Si sólo tienes 15 días, no intentes recorrer un país enorme en tan poco tiempo, porque irás con la lengua fuera y te frustrarás.

Mejor céntrate en un área y profundiza en su cultura, descubre su gastronomía y siéntete como en casa al caminar por sus calles.

2. Camina.

No hay mejor manera de conocer un lugar que patearlo. Olvídate de Google maps y vive el lugar. Piérdete por sus calles.

En vez de coger un taxi para ir de un sitio a otro, siempre que sean distancias razonables, usa tus piernas y tus sentidos. Vive el momento.

3. Sé flexible

Lo mejor de viajar despacio es la libertad. Por eso lo mejor es organizar el viaje lo mínimo posible, porque lo que buscas es vivir el viaje día tras día con recomendaciones de la gente local.

Debes ser flexible porque así puedes cambiar de ruta si te apetece, sortear imprevistos y adaptarte a los cambios que encuentres en el camino.

Quizá pensabas ir hacia el norte pero te han hablado de un lugar muy bonito en el este. El hecho de no estar ligada a planes ni calendarios te da la posibilidad de cambiar de rumbo.

Hay un momento en que el viaje toma vida propia, es él quien te lleva. Tú sencillamente te dejas llevar. Y es delicioso

4. Viaja en temporada baja

Sí, ya sé que no es fácil viajar en temporada baja, la mayoría de las veces no podemos elegir cuándo tomar vacaciones del trabajo, pero si puedes, viaja en febrero-marzo u octubre-noviembre.

No solo ahorrarás porque los precios son más baratos, también evitarás masificaciones turísticas y podrás viajar sin reservar previamente si así lo deseas.

5. Tómate tu tiempo para relajarte y asimilar lo vivido

Cada día dedica un rato para asimilar lo vivido. Yo lo hago por la noche antes de ir a dormir. Puedes escribir o simplemente rememorar el día, date tiempo para digerir las experiencias.

Los paseos también son para ti, para ir asentando todos los inputs que flotan por tu cerebro.

Y si algún día te sientes abrumada, cansada o sientes que necesitas parar, házlo.

Escucha tu alma. Recuerda, lo importante de tu viaje eres tú.

6. Relacionate con la gente

Este puede ser un punto difícil, sobre todo si eres una persona tímida, pero abrirte a gente desconocida, aparte de ser un ejercicio de autoconocimiento brutal, te abrirá puertas que ni te imaginas.

Sonríe y dile hola a la señora que está a tu lado en el autobús.

Puede que se quede en eso, pero también puede ser que os pongáis a hablar y te acabe invitando a comer a su casa, o te explique una receta local, o te dé indicaciones de sitios que valen la pena.

Siempre digo que en un viaje de piel sólo necesitas unas buenas piernas y una sonrisa. 

La sonrisa, aprender a decir hola en el idioma local y la empatía te abrirán puertas a lugares mágicos, y tus piernas te llevarán.

7. Evita los vuelos. Viaja por tierra

Si vas a un sitio lejano no te queda otra que viajar en avión. Pero una vez allí, procura moverte por tierra.

No sólo para minimizar tu huella ecológica, sino porque los traslados por tierra forman parte de la experiencia del viaje.

Puedes disfrutar del paisaje, conocer y compartir con la gente del bus o del tren (me encantan los trenes).

Entenderás mejor la geografía del país, el transporte público suele ser lo que utiliza la mayoría de la población.

Es la mejor manera de acercarte a su gente. 

8. Come y duerme en negocios locales

No sólo porque te saldrá más barato, sino porque has ido allí a conocer cómo vive su gente, sus ilusiones y sus problemas, y eso no lo encontrarás en una cadena hotelera o una franquicia de comida rápida.

Me encantan las gesthouses, donde te alojas con gente del lugar.

Los hostels son los lugares ideales para conocer y compartir con otros viajeros.

Y sí, probablemente estos lugares no tendrán todos los servicios que deseas o no serán los más confortables del mundo, pero eso forma parte de la experiencia.

9. Sé humilde y respetuosa

Para la mayoría de los pobladores de este planeta, eres una privilegiada. Quizá no seas plenamente consciente de que poder viajar es un privilegio. 

Eso no quiere decir que tengas derecho a decirle a los demás cómo deben vivir sus vidas. 

Si compartes con la gente local de algún lugar exótico, habrá costumbres que te chocarán o que incluso te parecerán mal.

Recuerda que no eres más que un visitante que está de paso, respeta sus costumbres aunque no las compartas.

Intenta no entrar en circos turísticos donde exploten animales o a personas.

No te hagas fotos con niños para colgarlas en tus redes, ni con gente del lugar sin su permiso.

Procura dejar una huella positiva a tu paso, y no un montón de basura.

 

 

Conclusión

El objetivo de viajar despacio es que vivas tu viaje minuto a minuto, que te mezcles con la gente, sentirte parte del paisaje y no el que hace la foto.

No es para todo el mundo, hay viajeros que me dicen que para ellos es imposible viajar sin tener todo reservado y programado, y lo respeto. 

Cada uno de nosotros es diferente y único, eso también lo aprendes viajando, lo más valioso de este mundo es eso, la diversidad.

Y disfrutar de la diversidad es lo que me mueve a coger mi mochila y salir hacia un lugar desconocido, sumergirme en un mundo distinto al mío y disfrutarlo minuto a minuto con todos los sentidos abiertos, como una niña.

Viajar despacio es una actitud durante el viaje, no tiene nada que ver con el tiempo cronológico.

Y además, si viajas despacio, te sale mucho más barato que esos viajes exprés de 15 días que te dejan molida.

Cuando llegas a casa después de un viaje de piel, viajando despacio, te sientes renovada, feliz y llena de energía.

Porque has asimilado lo que has ido viviendo, porque te has tomado tu tiempo, porque, al menos por un par de semanas, has ido a ritmo lento, sin despertadores, sin expectativas y sin programas. 

Como digo , no es para todo el mundo y da un poco de respeto viajar así por primera vez, pero si quieres probar, yo te ayudo.