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5. Hadzabe: Pipa, caza y baile

Los Hadza viven entre las aguas sódicas del lago Eyasi y las rampas del Gran Valle del Rift. Es una pequeña tribu de aproximadamente 1.500 cazadores-recolectores: una de las últimas en África. De hecho muchos de ellos se han sedentarizado, tienen ganado y cosechan, sólo unos 400 viven como hace miles de años.

Son una de las últimas tribus cazadoras-recolectoras del mundo. Se cree que han vivido en la misma tierra en el norte de Tanzania, comiendo bayas, tubérculos y 30 mamíferos diferentes durante 40.000 años.

Su idioma son chasquidos y clics, su lengua no guarda relación con ninguna de las hoy existentes: en términos lingüísticos, es una lengua aislada, y se ha demostrado en varios estudios que tienen en su grupo una diversidad genética superior a todo el resto de la humanidad.

Nos levantamos muy temprano, aún es de noche, para poder llegar a primera hora a su campamento.

Como estamos en época de lluvias, los Hadza se refugian en pequeñas cuevas y salientes de piedra para poder estar protegidos de la lluvia. En la época seca duermen en unas chozas muy básicas que construyen con palos entre los arbustos.

Cuando llegamos, me sorprende una escena de otros tiempos: Unos hombres cocinan carne pinchada en palos sobre un fuego mientras hablan con un lenguaje extraño y sonoro. Algún niño corretea por ahí con un trozo de carne medio cruda en la boca o en la mano, y unos perros merodean en busca de algún pedazo extraviado.

Nos dan la bienvenida alegremente. El portavoz del grupo, Ngo Nga, es un chico joven, pequeñito y fibroso, como todos ellos, y lo único que lo distingue del resto es una cenefa de cuentas rodeando su cabeza.

Deben haber salido a cazar por la noche, porque hay carne en el fuego. Las mujeres no están, han salido a recolectar frutas, vegetales y miel. De hecho el 80% de lo que comen proviene de la recolección, sólo comen carne cuando cazan, y eso no sucede todos los días.

A pesar de que hay fuego encendido, nos hacen una demostración de cómo hacen fuego por fricción, son unos cracs, en 45 segundos ya tienen una brasa. La utilizan para encender la pipa que Ngo Nga ha preparado cuidadosamente.

Antes de salir de caza, fuman marihuana. Es una costumbre ancestral y el guía traductor nos explica que lo hacen para estar serenos durante la caza y no huir despavoridos si se topan con un león, lo cual sería su muerte segura. Todos los hombres, alguna mujer y también los niños, consumen marihuana. Los niños la ingieren desde los 3 o 4 años, se han dado cuenta de que mata los parásitos intestinales.

Ellos no cultivan la marihuana, normalmente la obtienen a través de los Datoga, tribu cercana, con quien intercambian marihuana y puntas de flecha de metal por miel. La marihuana es ilegal en Tanzania, pero los Hadzabe pueden consumirla porque es una práctica milenaria.

Si vas a visitar a los Hadza, el mejor regalo que les puedes hacer es traerles un poco de marihuana.

Se ponen a fumar y después de un rato, cuando la pipa se agota, Ngo Nga nos explica los diferentes tipos de flechas que usan dependiendo del animal que encuentren. No hace falta traductor, el muchacho es tan expresivo que lo entendemos todo.

Luego nos ponemos en marcha. En ese momento, cuando ellos se meten en el bosque y nosotros vamos detrás, nos sentimos como elefantes en una cacharrería. Ellos se mueven con agilidad y en silencio, nosotros nos pinchamos con las acacias y hacemos mucho ruido. Me alegro de que hayan salido de caza por la noche y tengan la tripa llena… 

Se paran bajo un baobab a beber agua en un hueco del árbol y seguimos adelante. Cae la primera pieza, una paloma que uno de los chicos ha acertado a la primera.

Después de unas cuantas escaramuzas cae algún pájaro más, los pequeños se los dan a los niños, que juegan con su cadáver y así se acostumbran a manipular la carne y los cuerpos de los animalitos. Porque a los 10 años los niños empiezan a salir de caza.

Nos hacen retroceder y estar en silencio. Los perros, grandes aliados de caza de los Hadza, han levantado a un chacal y lo están haciendo correr en dirección a ellos, los cazadores disparan y el chacal pasa como una exhalación. No ha habido suerte, se ha escapado. Para los animales más grandes utilizan flechas envenenadas, y les toca perseguir al animal si lo han tocado, a veces durante días, hasta que el animal muere. 

Volvemos al campamento, ha sido una mañana de caza infructuosa, por suerte han cazado por la noche y hoy hay carne.

Cuando regresamos las mujeres ya están allí, vamos a saludarlas y después los hombres nos invitan a practicar con el arco.¡Sandra dispara muy bien! 

Luego nos llevan bajo un enorme baobab donde tienen colgados montones de arcos y flechas y se ponen a cantar y a bailar, hombres y mujeres, algunas con bebés a la espalda. Sandra y yo nos sumamos al baile. Otro momento inolvidable, 

Después del baile nos despedimos de los Hadzabe, de Ngo Nga y su grupo, y nos sentimos felices de haber tenido el privilegio de pasar unas horas con ellos, de volver atrás en el tiempo y compartir con esta gente valiente y alegre unas horas inolvidables.

Y más sabiendo que están al borde de la desaparición.

Admiro a los hadzabe. No tienen propiedades, no tienen estrés.

Pueden viajar solos, unirse a un campamento, ir a un campo diferente, siempre gravitando en torno a un área pequeña. 

Las parejas casadas, permanecen juntas un promedio de 20 años y tienden a vivir con la madre de la esposa. Si el esposo y la esposa viven separados por dos semanas o más, es probable que se consideren no casados. 

Los cónyuges de ambos sexos pueden abandonar el matrimonio y buscar una nueva pareja volviendo a la vestimenta de los miembros solteros de la tribu. 

Un campamento no tiene un liderazgo organizado y no tiene sentido de sí mismo como un grupo permanente. El mejor cazador lidera el grupo, normalmente son chicos jóvenes y fuertes, pero su liderazgo se acaba cuando otro cazador es mejor que él. Más que nada se convierten en portavoces del grupo.

La idea de la propiedad privada es absurda para gente que lleva todo lo que tienen en sus espaldas o cabezas. Los hadza desdeñan el concepto de territorio privado. Ellos vagan y se instalan donde pueden. Si alguna otra tribu se asienta en un sitio que se han acostumbrado a utilizar, se van a otro sitio. 

Viven al día, su mayor preocupación es tener agua, comida y marihuana. Viven sin alterar su entorno, viviendo sólo de lo que les ofrece.

Sin dinero, sin hipotecas, sin avales, sin horario laboral, sin plásticos…

Con respeto a los mayores, igualdad con las mujeres, alegría y libertad.

Después de estar con los Hadzabe piensas ¿en qué momento dejamos de disfrutar del presente? Porque ellos viven el momento, no son conscientes de que están desapareciendo, no tienen escritura, sólo tienen canciones, no poseen nada aparte de un espíritu de comunidad que nosotros perdimos hace tiempo, sólo viven para el bien de su gente, tan sencillo como eso.

Otra gran lección de este viaje a Tanzania. Los hadza no tienen nada, simplemente “son”. Quizás por poco tiempo.

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