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Viajar es lo que me motiva y me da la vida. No le digo que no a ningún viaje, sea sola, con amigos o en grupo.

Sin embargo los viajes en solitario son los que me aportan más, cuando viajas sola adquieres un nivel de conciencia, un despertar a tu entorno y hacia ti misma, que se disipa cuando viajas con más gente.

Estás más concentrada en tu viaje, en lo que has vivido, lo que estás viviendo mientras planeas la siguiente experiencia.

Porque además de viajar sola, viajo improvisando, dejando que sea el viaje el que me lleve.

 

Preparación del viaje

Eso no quiere decir que no me prepare el viaje, de hecho lo hago a conciencia.

Viajar sola te da la ventaja de que tú eliges las fechas, no dependes de nadie más, y también eliges dónde quieres viajar y qué quieres visitar.

Una vez elegido el destino, toca empaparse del país: geografía, sitios de interés, historia, costumbres,lugares de interés, transportes e infraestructuras, alojamientos, comida…

Planear un itinerario es importante

En mi primer viaje sola no hice un itinerario y fué un error, porque entonces vas un poco como pollo sin cabeza.

Crear un itinerario es la mejor manera de conocer el país y de empaparte de él antes de llegar.

En la gran mayoría de mis viajes en solitario he acabado cambiando de rumbo y dejando el itinerario previsto a un lado, y eso es genial, porque quiere decir que el viaje toma vida propia.

Cuando viajo sola voy con los vuelos y las dos primeras noches reservadas en el destino.

En alguna ocasión he comprado vuelos o trenes por anticipado porque estaban muy demandados, pero como suelo viajar en temporada baja y a sitios no demasiado turísticos, no lo tengo por norma.

De este modo puedo cambiar de planes cuando quiera y tengo el itinerario para tener por dónde empezar.

Preparación mental

Salir de tu zona de confort despierta muchos miedos, y más cuando lo haces sola por primera vez.

Recuerdo mi primer viaje sola, estaba cagada, pero dejé los miedos a un lado y disfruté ese primer viaje en solitario e improvisando, dos meses en Nueva Zelanda, como una enana.

Aprendí tanto de mí misma que desde entonces (otoño de 2008) no he dejado de hacer, al menos, un viaje sola al año. Es mi terapia.

Cuando te planteas el primer viaje sola, no solo luchas contra tus miedos sino contra los de tu gente cercana, familia y amigos. Lo hacen con la mejor intención, pero proyectan sus miedos en tu viaje.

Cuando ven que regresas de una pieza y feliz, se relajan. Y cuando llevas unos cuantos viajes sola, la cosa ya se ha normalizado y sólo te desean buen viaje.

Los miedos

Lo peor son los miedos internos, esos que te asaltan el cerebro y te hacen dudar.

Cada vez que planeo un viaje sola me invaden esos miedos. Siempre. Pero no los escucho, porque sé que son miedos inculcados. 

Vamos a diseccionarlos:

Miedo a que te pase algo estando sola

En tu zona de confort también hay peligros, y no por eso te quedas encerrada en casa. No existe el riesgo 0, ni en tu casa ni viajando.

Lo que pasa es que hay como una idea de que una mujer viajando sola es más vulnerable. Y no es cierto. No somos de mantequilla ni somos idiotas.

Agresiones, robos, estafas, acoso…

Yo llevo 30 años viajando por el mundo y nunca me ha pasado nada. Sólo me han intentado robar una vez y fue en el metro de Barcelona, aquí al lado.

Se trata de utilizar el sentido común y la intuición, tal como lo haces en casa.

Y viajar con un buen seguro.

Viajando sola descubrirás una fuerza interior que desconocías, la que te hará dejar de lado esos miedos inculcados.

Miedo a enfermar viajando sola

Sí, puede pasar. A mí me ha pasado varias veces.

Nada demasiado grave pero sí lo suficiente como para inmovilizarme por unos días.

Me he torcido tobillos, he tenido gripe, gastroenteritis, alguna herida que hay que cuidar, golpes fuertes, dedos y costillas machacados… nada que no curen unos días de reposo, y a seguir.

En esos días de “parón” aprovecho para hacer balance, planear nuevas rutas, y asimilar mi situación. Y le echo paciencia.

Además viajo siempre con un seguro. Si no lo hiciera sería una irresponsable.

El seguro de viaje te ayuda a estar tranquila, a tener a quien recurrir cuando algo vaya mal.

He usado muchas veces el seguro por pérdida de equipaje o cancelación de vuelos, nunca por temas médicos, por suerte.

O sea que si la cosa es más grave, para eso tienes el seguro. 

Los contactas y ellos te dicen qué debes hacer, a qué hospital o médico debes ir, e incluso le pagan el viaje a uno de los tuyos para que esté contigo si hace falta, o te devuelven para casa.

Hace años que utilizo Iati Seguros, porque los conozco y siempre me ha ido bien con ellos. Hay otros seguros como Mondo o Chapka que me consta que funcionan muy bien

Para quedarte más tranquila, deja siempre una copia de tu póliza de seguros con tu gente y lleva a mano el teléfono y número de póliza de tu seguro.

Miedo a sentirte sola

Si tienes miedo a sentirte sola es que nunca has estado sola, o procuras evitarlo.

Estar sola contigo misma es la mejor manera de conocerte, de quererte y de valorarte.

Durante mucho tiempo el rol de la mujer ha sido el de cuidadora, siempre ocupándose de alguien (padres ancianos, familiares enfermos, hijos…).

Muchas de nosotras nos hemos habituado a pensar en los demás antes que en nosotras mismas.

Además, socialmente la soledad está mal vista. Mucha gente es incapaz de ir a comer sola a un restaurante o al cine, parece que es algo malo. ¿Por qué?.

La introspección, mirar hacia dentro, es esencial para una buena salud mental.

Y es lo que te regala viajar sola. Tiempo de calidad para hablar contigo misma, para ponerte a prueba, para conocer lo mejor y lo peor de ti.

Cuando viajas sola no hay trampa ni cartón. Tienes que ser sincera contigo misma, tomar decisiones, ser consecuente y resolutiva. Y te sorprendes de lo que eres capaz de hacer.

Y si algún día tienes ganas de hablar y de compartir con otra gente, hay montones de viajeros como tú y gente linda del lugar con quien conversar.

Cuando tengo ganas de socializar, me alojo en hostels, conozco gente, compartimos habitación,excursiones, cenas y momentos divertidos.

Los transportes públicos también son un buen lugar para hacer amigos y compartir parte del trayecto.

Y cuando tengo ganas de estar a mi aire, de asimilar lo vivido y estar conmigo misma, me busco una habitación para mí sola.

No niego que hay momentos en que te sientes sola, lo mismo que hay momentos en los que la gente a tu alrededor y tus nuevos amigos te sobran. Todo está en tu cerebro.

Miedo a no ser capaz

Siempre que probamos algo nuevo pensamos si vamos a poder.

Está bien ser consciente de tus límites, pero a veces no sabemos ver de lo que realmente somos capaces hasta que  lo hacemos.

Empieza haciendo una escapada de dos o tres días a un sitio cercano de tu entorno, seguro que hay más de un lugar al que hace tiempo que le tienes ganas.

Si te agobias vuelves a casa, pero te aseguro que lo disfrutarás y el cuerpo te pedirá más, y es que viajar sola es un gusto y la sensación de libertad es increíble.

Viajar sola es altamente adictivo, bueno para la salud física y mental, te ayuda a conocerte y valorarte ¿Qué más se puede pedir?

Tener miedo no es malo, es una reacción natural al peligro, lo que pasa es que hemos aprendido a anticiparnos a miedos que quizá no existen, la imaginación a veces nos la juega.

Aprendizajes de los viajes en solitario

No tener miedo de tus miedos

Como digo, hoy en día, con decenas de viajes sola a mis espaldas, sigo teniendo miedos. Lo que pasa es que he aprendido a no hacerles caso, a racionalizarlos y a dejarlos de lado.

En todos los viajes que he hecho, en cada uno de ellos, he pasado un momento de: “pero qué hago yo aquí”. 

Porque es normal tener días malos, en casa y viajando, pero luego sucede algo que le da la vuelta y te sientes la persona más afortunada del mundo por estar donde estás.

Viajando sola aprendes a no hacerle demasiado caso a los pensamientos negativos, a pensar en positivo y a darle la vuelta al día.

Los miedos  están ahí y ahí seguirán, aprendes a convivir con ellos y no dejas que tomen decisiones por ti.

No viajas sola

Viajas contigo misma. Con la persona con la que convives a lo largo de toda tu vida, a la que debes respetar y amar más.

Dedicarte tiempo y conocerte a ti misma es el mejor regalo que puedes hacerte.

Te sorprendes a ti misma y te conoces a fondo, ves tus luces y tus sombras.

Haces cosas que creías imposibles, ves y vives situaciones que se te quedan dentro.

No tienes a quién echarle la culpa cuando algo no sale bien, tú eres responsable de tus decisiones y aprendes a apechugar con las consecuencias.

No puedes engañarte.

Y lo mejor de todo, aprendes a quererte.

Además conoces a un montón de gente en el camino, viajeros solitarios como tú, parejas, familias, gente local… haces grandes amigos en el camino, algunos se quedan en tu vida para siempre, otros no.

Te vuelves la reina de la improvisación

Nos enseñan desde pequeñas a tenerlo todo planificado, y eso nos hace sentir seguras. Pero la vida no es segura, no podemos controlarlo todo.

Viajar sola e improvisando te enseña a vivir el momento, a estar abierta a todo. Perderás vuelos, el autobús llegará con retraso, un lío con tu reserva de alojamiento…

Pero no pasa nada, siempre hay alternativas, debes replantearte la situación y adaptarte a los cambios.

Aprendes a tomar decisiones rápidas y te vuelves más resolutiva.

Sabes lo que quieres y lo que no quieres, aprendes a decir no, a cambiar de planes y seguir adelante.

Si tomas una mala decisión, aprendes y rectificas.

Aprendes a confiar más en lo que no puedes controlar, a usar tu intuición y leer las señales.

El mundo no es como dicen por ahí

Cuando vemos las noticias o leemos sobre lugares lejanos, nos pintan un panorama negativo.

Sobre todo en continentes como África o países como la India; hambre, enfermedades, violencia, enfrentamientos…

He estado 5 veces en la ïndia y en 6 países africanos y me he encontrado con un montón de gente bonita.

Lo mejor de viajar es que te das cuenta de que el mundo está lleno de gente bonita, amable, que te lo da todo y se preocupa por ti, que te ayuda y te hace sentirte bienvenida.

También hay aprovechados, y mala gente, como en todas partes, pero son una minoría.

Viajando me he reconciliado con la humanidad y me he dado cuenta de que, en el fondo, todos buscamos lo mismo, vivir en paz con nuestra gente, tener un techo bajo el que cobijarnos y algo de comer.

Nos puede separar el idioma, la cultura, el color de nuestra piel, pero al fin y al cabo todos somos iguales.

Y puedes ayudar de mil maneras, no hace falta apuntarse a un voluntariado.

Si te alojas y comes en sitios locales, los recomiendas, llevas gente, te mezclas con los lugareños con respeto y alegría, escuchas sus inquietudes y compartes las tuyas, salen grandes colaboraciones de igual a igual. 

Puedes vivir con mucho menos

Una de las grandes lecciones de viajar en solitario es que tomas plena conciencia de lo que realmente necesitas, tanto material como mentalmente.

Muchas viajeras han decidido hacer una limpieza de armario después de volver de un viaje de piel de unos meses, porque se han dado cuenta de que todo lo que realmente necesitan cabe en una mochila o maleta.

Vivimos en una sociedad consumista que nos crea necesidades falsas.

“Tener” no es lo mismo que “ser”. No eres más porque acumules riquezas.

Además, cuanto más tienes de más te debes preocupar. Cuanto menos cosas materiales poseas, más libre eres.

Cuando viajas unos meses con una mochila, te metes de golpe en la filosofía del minimalismo y dejas de llenar tu vida con cosas y relaciones inútiles.

En mi primer viaje sola salí de casa con un mochilón que pesaba 15 kilos llenos de “por si acasos” y fué un gran error.

Actualmente viajo con 7 kilos a mi espalda y tengo todo lo que necesito. 

Y conozco gente que viaja con 5 kilos, esto es un proceso, espero llegar ahí.

Aprendes a confiar en ti y en los demás

Uno de los mejores regalos de viajar sola es que aprendes a confiar en tu intuición y en los demás. 

Soy de esas viajeras que dejan su mochila en cualquier sitio, comparto mi móvil con los locales, los niños me quitan la gorra o las sandalias… y nunca me han robado nada.

Si vas con miedo, te abrazas a tu mochila y muestras desconfianza, es más fácil convertirte en víctima de un robo.

Mi mantra es: mientras tenga el pasaporte, el móvil y el dinero, el resto se puede reponer. 

No llevo cosas de valor, no quiero tener que preocuparme por la cámara, la GoPro o mi portátil, viajo para disfrutar de lo que me aporta el viaje, no para sufrir ni ser esclava de mis cosas.

Confío en los demás y confío en mi intuición. Viajo relajada y vuelvo a casa con todas mis cosas y con el alma llena de nuevas experiencias.

El primer paso

Una vez hayas hecho esa primera escapada sola, te darás cuenta de que no pasa nada y de que disfrutas de tu compañía. 

Y seguirás viajando sola, porque ya has roto el tabú, te has enfrentado a tus miedos y el mundo te espera.

Todas las mujeres a las que he ayudado en su primer viaje sola lo han disfrutado. ¡Y a la mayoría no hay quien las pare!

Ese primer paso es el más difícil. Los miedos son paralizantes, y si además tu entorno los alimenta, nunca lo darás.

Estoy aquí para ayudarte a dar ese paso, a desmenuzar los miedos para que vivas una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida, y lo hagas sintiéndote segura y relajada.

Podemos hacer sesiones de preparación mental, puedo ayudarte en tu itinerario e incluso puedo acompañarte virtualmente en tus primeros días de viaje.

Aquí te muestro cómo te puedo ayudar con más detalle.

Puedes comentar lo que quieras abajo, o puedes contactarme por whatsapp.

Ya no hay excusa, si quieres viajar sola ¡házlo! 

Y si necesitas un empujoncito, yo te ayudo.