
Aquí te cuento mi experiencia en el mercado de Chichi y Semuc Champey.
Tomé un shuttle de San Juan la Laguna a Chichicastenango.
Se puede ir en transporte público, pasando por “los Encuentros” y allí tomar un bus directo a Chichicastenango, son unas 3 horas y cuesta unos 60Q.
Encontré un shuttle directo por 100Q y pensé que por la diferencia me valía la pena.
De hecho era un bus que pasaba la mañana en Chichi y regresaba a primera hora de la tarde al lago Atitlán.
Yo opté por hacer medio trayecto y quedarme a dormir en Chichicastenango, y seguir al día siguiente hacia Lanquín (Semuc Champey).
Luego me dí cuenta de que quizás no había sido la mejor opción, más adelante cuento el porqué.

Chichicastenango
Me encantan los mercados locales, para mí son el corazón de la comunidad.
Me gusta pasear por los mercados aunque no compre nada.
Todo el mundo me había hablado del mercado de Chichi, o sea que era parada obligada.
El mercado de Chichicastenango se celebra los jueves y domingos, procura visitar la ciudad uno de esos días.
Los otros días de la semana también hay mercados, pero es en esos dos días cuando viene gente de los pueblos cercanos y de las montañas, se cierra el centro del pueblo y se convierte en un mercado gigantesco.
Después de dejar mi mochila en el Hotel Chalet, que está a un paseo de 10 minutos del mercado en una zona tranquila, me fuí al mercado.
No hay mucha oferta de alojamiento en Chichi, y por tanto es un poco caro, pagué 190Q (unos 20€) por una habitación con baño privado.
¡La primera habitación con baño del viaje!
C0mo digo el hotel está bien situado y es tranquilo, la habitación estaba limpia y era agradable (con mesilla de noche y lámpara para leer, yupiiii), pero la cocina no estaba en uso, aunque sí había una máquina de café y una tetera en la recepción.
El señor que lleva el alojamiento es muy amable y ayuda en todo (me acompañó a tomar el shuttle a Lanquín).
Para una noche está bien, aunque me pareció un poco caro.

El mercado de Chichi
El mercado de Chichicastenango es inmenso, ocupa todo el centro de la pequeña ciudad.
La parte central es más bonita y turística, puedes comprar telas, huipiles, cualquier cosa elaborada por los artesanos textiles, muy coloridos y bonitos.
A medida que te alejas del centro, los productos son más locales o de primera necesidad.
Se puede regatear en el mercado, o buscar el mismo producto en un puesto más barato.
Lo mejor es tomarte tu tiempo, callejear por el mercado y dejarte llevar por los sentidos.
Cambié euros en el banco BAC del centro de Chichicastenango. Aprovecha cuando puedas cambiar euros, no es fácil.
Pasé una mañana muy entretenida, no me pude resistir a comprar alguna cosita, y pasado el mediodía me paré en un restaurante que estaba en una calle del mercado.
Tenía un comedor en el primer piso y me senté en el balcón, así podía ver el mercado desde arriba.
Me pedí unos nachos con carne y queso que resultaron ser los nachos más deliciosos que he probado nunca de momento.
Por la tarde fuí hasta la iglesia y el cementerio y seguí callejeando hasta regresar al hotel, con una bolsa más llena de cositas del mercado.
Cuando vayas al mercado procura llevar lo mínimo posible encima, no llevar joyas ni cosas de valor, sólo lo que te pienses gastar, una botella de agua y el móvil.
Me encantó el mercado de Chichicastenango, es una explosión de color y vida a la que el turismo aún no le ha podido robar la autenticidad.

El camino a Lanquín
Las casi 8 horas de carretera de Chichicastenango a Lanquín fueron el peor trayecto de mi viaje por Guatemala.
Al minibús le dió por meterse en lo más profundo de Guatemala, luego ví que había un camino mejor pero desde Chichi tenía que volver atrás.
La mejor carretera que hay para atravesar Guatemala (y por ello la más concurrida) es la 7W, la que pasa por el norte y por Cobán.
Por tanto quizá sea mejor regresar al lago Atitlán y de ahí tomar la carretera que pasa por el norte, que es la 7W.
Yo no sabía nada de esto, aunque soy muy preguntona, pero es que en Guate te suelen responder con evasivas o con un tema que nada tiene que ver con lo que preguntas, así que tienes que utilizar el sistema se ensayo y error o seguir al rebaño.
Pero ahora que lo sé: la carretera de Chichi a Lanquín es una pesadilla, muchos trozos sin asfaltar, curvas de 180 grados en pendiente… suerte que mi intuición me hizo comprar pastillas para el mareo en una farmacia de San Juan y me senté delante, porque se mareó más de uno.
No sufrí ningún otro recorrido como ese en todo el viaje, era mi primer tramo largo, pensé que las carreteras de Guatemala eran un infierno, pero ni tanto.
Por tanto quizá sea mejor hacer una visita de un día a Chichi y volver al lago Atitlán. Te ahorras una noche cara de hotel y una carretera infernal.

Lanquín
Lanquín es un pueblecito muy pequeño, con su iglesia quemada y su mercadito.
El bus dej a todo el mundo en una parada y los dueños de los alojamientos recogen a sus clientes allí.
Hay algunos listillos que te recogen diciendo que les manda el hotel y luego te cobran, aseguraos de que realmente sean quienes son. En general lo llevan escrito en el coche, camioneta o tuc tuc.
Nada más bajar ví el tuc tuc de Casa Mary, mi alojamiento.
Casa Mary es un alojamiento sencillo y familiar. Cogí habitación con baño compartido: me costó 100Q (12€).
Las habitaciones son muy básicas pero confortables y limpias.
No hay cocina, pero hay un restaurante donde ofrecen comida rica muy barata (los platos cuestan 35Q, desayuno 20Q).
El ambiente es muy agradable, rodeado de montañas.
La mayoría de la gente viene por un día o dos, para ver Semuc Champey y las cuevas
Yo me quedé 4 noches.
Llegué un viernes por la tarde, cansada y mareada.
Al día siguiente se puso a llover. Sábado y con lluvia. Y el domingo igual.
Había reservado la habitación por booking para 2 noches, le dije a Mary si me podía quedar un par de noches más. Decidí que iría el lunes a Semuc Champey. El pronóstico del tiempo era bueno y había pasado el fin de semana, que es cuando hay más gente en las pozas.
Ese fin de semana disfruté de la tranquilidad, paseé por el pueblito (no hay cambio de moneda pero hay un cajero 5B), hablé con la gente del mercado, compartí momentos con la familia de Mary, con Olga la cocinera… y leí mucho.
En este viaje me he leído 5 libros.
El lunes amaneció radiante. En el alojamiento había una pareja española con un niño de unos 2 años y una chica argentina.
Entre todos alquilamos una furgo y pudimos ir dentro de la cabina. Son furgonetas pick up y también puedes montarte en la parte de atrás, es un trayecto de unos 30 minutos lleno de curvas y saltos.(25Q)

Semuc Champey
En el dialecto maya local, Semuc Champey significa “donde el río se esconde bajo la tierra”.
Es porque, precisamente, el río Cahabón se oculta por una sucesión de cavidades, se entuba, gana presión y aparece como un chorro blanco y potente al cabo de unas decenas de metros.
A partir de ahí, va reposando en piscinas naturales que se comunican entre ellas por escalones de travertino de diferentes alturas.
Llegamos a la entrada de Semuc Champey y empezó el ataque de jejenes. Recuerda llevar repelente de insectos, estás en plena selva.
La entrada cuesta 50Q (unos 6.5€). Una vez dentro debes seguir el camino.
En un momento dado hay una bifurcación: a la izquierda subes al mirador y a la derecha vas hacia las pozas y al sumidero.
Habíamos quedado con el chico de la furgo que nos vendría a recoger a primera hora de la tarde y eran las 9 de la mañana, o sea que yo decidí ir a bañarme, tendría tiempo de subir después, y los demás subieron al mirador.
Hay un sitio con casillas donde puedes dejar tus cosas, recuerda llevar tu candado, y también unas cabañas para cambiarte de ropa.
La poza junto a los casilleros y los baños y cambiadores es la más concurrida.
Me instalé en la poza del medio, donde había dos familias locales, con abuelas y niños.
Y sí, el lugar es bonito y agradable, además, al ser lunes había poca gente. Los locales se quedan en la orilla, no saben nadar, o sea que tenía la poza para nadar yo solita.
Me puse a jugar a pescar pececillos con una gorra con un par de niños, luego salí, me sequé al sol y me fuí al mirador.
La subida al mirador es dura, me alegré de haberme refrescado en el agua, y quizá valga la pena en otras épocas del año, pero lo cierto es que con las lluvias no se veían las aguas muy turquesas.
Creo que Semuc Champey está sobrevalorada y sobreexplotada.
Volví a mi poza y en ese momento (debían ser las 12 del mediodía) las dos familias recogían para irse.
Me vino el niñito con el que había estado jugando y me dió un paquete entero sin abrir de anacardos. Me señaló a su abuela que me sonrió.
Le dí las gracias. La verdad es que me vinieron muy bien.
Las familias se fueron y al rato vino Erica, la chica argentina. La familia española se había instalado en la poza de arriba. la que está al lado de los servicios.
Nos dimos otro baño y estuvimos charlando de todo y nada.

¿Vale la pena visitar Semuc Champey?
Las pozas son agradables, el agua está fría pero se agradece. puedes nadar e ir investigando por las orillas de la poza o ponerte donde cae el agua de la poza de más arriba.
Entonces ya había unos cuantos turistas alemanes en nuestra poza.
Empezaba a pegar el sol en la orilla, iba llegando más gente y ya estábamos cansadas de nadar, o sea que recogimos nuestras cosas y nos fuimos hacia la salida.
La furgoneta no nos vendría a buscar hasta las 2.
Una vez fuera, nos dirigimos a un sitio al aire libre, muy básico, donde sirven comida.
Al ser lunes y temporada baja era el único sitio abierto y estaba hasta los topes. Pedimos comida, pero al cabo de casi una hora no nos habían hecho ni caso.
A la hora convenida llegó la furgo, apareció la familia con el niño y regresamos al alojamiento.
Por supuesto la primera parada fué el restaurante, estaba muerta de hambre.
El lugar es bonito, he estado en formaciones cársticas con agua mejores que ésta, pero me encantó Lanquín y si además te gustan las cuevas, vale la pena.
Yo no fuí a las cuevas de la zona (Grutas de Lanquín) porque tengo claustrofobia, otra gente que fué me dijo que sí valían la pena, eso sí, hay que estar en forma, hay tramos que debes escalar en la oscuridad. Tampoco es recomendable para niños.
Pasadas las pozas de Semuc Champey se ofrecen actividades acuáticas en el río, como kayak, tubing…
Creo que sí vale la pena, si lo combinas con otras maravillas naturales de la zona.

Los Verapaces
Lanquín se encuentra en el departamento Alta Verapaz. Está en el centro de Guatemala y junto con Baja Verapaz forman una zona que vale la pena explorar.
La zona de los Verapaces está plagada de cascadas, lagos y montones de rincones naturales que vale la pena visitar, pero es difícil llegar a estos puntos sin vehículo propio.
Lo mejor es tomar la ciudad de Cobán como referencia, y desde allí conocer las joyas escondidas de las Verapaces, entre ellas Semuc Champey, la laguna Lachuá, las cascadas de la Concha, las cuevas de la Candelaria y las grutas de Lanquín, el corredor biológico y el biotopo del quetzal… y estoy segura de que hay mucho más.
O sea que si te gusta la naturaleza y explorar, ahí tienes los Verapaces.
Al final de mi viaje fui a Cobán y a conocer la zona, te lo cuento más adelante.
Aquí tienes otros artículos sobre mi viaje a Guatemala:
– Guatemala, una caja de sorpresas
– Antigua Guatelama, lo viejo y lo nuevo
– Lago Atitlán, magia y cultura maya