
Ver un quetzal en Guatemala no es fácil.
Después de tres semanas recorriendo despacio los sitios más emblemáticos y turísticos de Guatemala, estaba en Flores con la resaca de Tikal y con una semana por delante para regresar a la capital.
Una pareja suiza en Río Dulce me había hablado del biotopo del quetzal, cerca de Cobán.
Se me metió en la cabeza ir a buscar al quetzal, el ave emblemática de Guatemala.

Cobán
Decidí ir a Cobán, más que nada para huir del calor sofocante (Cobán está en el interior, a 1.300m, a más altura más fresquito) y allí decidiría qué hacer en los días siguientes.
Tomé un shuttle turístico que iba a Lanquín y pasaba por Cobán, no hubo manera de encontrar algún transporte público directo hasta Cobán, seguro que lo hay pero la falta de información sobre el transporte público es impresionante.
El bus me dejó en el Mcdonalds de la ciudad, y me tocó caminar 2 km hasta mi alojamiento.
Aunque no era el calor infernal de Flores, la temperatura era alta.
Por casualidad descubrí el Xkape kob’an, donde no sólo puedes comer la mejor comida típica de la zona, cocinada a fuego en un agradable patio donde los fines de semana hay marimbas.
También hay una tiendecita de artesanía donde puedes comprar objetos auténticos, cardamomo de la zona y dulce de guayaba.
Me comí unos tamales y seguí hasta mi alojamiento.

Alojamiento en Cobán
Me alojé en el Azura Hotel Boutique, un alojamiento en una zona tranquila a 10 minutos andando de la Plaza Central, en una habitación con litera compartida, baño y desayuno por 90Q (12€)
Aunque la habitación era compartida la tuve para mí sola. Era pequeña pero tenía baño y eso es un plus.
La ventana va a dar a la recepción, por lo tanto es algo ruidosa, pero por el precio estuvo bien.
No hay una oferta muy extensa de alojamientos en Cobán, no es una ciudad turística.
Averigüé de donde salían los autobuses “la monja blanca”, que van de Cobán a Guatemala y pasan por delante del biotopo del quetzal, para tomar uno al día siguiente.
Por la mañana me acerqué a la terminal que está a unos 600m del alojamiento y allí supe que sale un autobús de Ciudad de Guatemala a Cobán cada hora y lo mismo a la inversa.
Tomé el bus de las 10, cómodo y económico, muy recomendable.
Me dejó frente a la entrada del biotopo.

Los Ranchitos del Quetzal.
Tanto el parque del biotopo del quetzal como los Ranchitos son iniciativas privadas.
En el parque del biotopo no hay alojamiento, pero al lado está la reserva natural de Los Ranchitos del Quetzal que tiene habitaciones, un restaurante de comida sencilla y su propio sendero en el bosque nuboso.
Las habitaciones están muy bien, cuestan 250Q por noche con desayuno incluido.
También tienen la casa de cristal, un alojamiento todo de vidrio para que puedas dormir como si estuvieses en medio del bosque.
Llegué a mediodía, comí en el restaurante y por la tarde me fuí a dar un paseo por el jardín de orquídeas que tienen en la reserva y luego hasta la cascada del río.
No era buena época para las orquídeas, apenas había alguna en flor. La orquídea típica de la zona se llama “monja blanca”, de ahí el nombre de la compañía de autobuses.
Fuí a dormir temprano porque quería recorrer el bosque a primera hora de la mañana, a ver si tenía suerte y veía el quetzal.

En busca del quetzal
Madrugué y a las 6 de la mañana ya estaba entrando en el bosque.
Fué un paseo delicioso de tres horas, tienes que seguir el sendero circular que te lleva de vuelta a los ranchitos, en un bosque húmedo, lleno de helechos gigantes y barbas de viejo, me recordó mucho a los bosques de Nueva Zelanda.
Escuché muchos sonidos y ví tucanes y toras aves que no reconocí.
Pero ni rastro del quetzal.
El quetzal es huidizo y el bosque es tan espeso que acabas con dolor de cabeza de tanto mirar entre los árboles.

Sabía que no tenía garantizada la vista del quetzal, pero si no lo intentas no hay opción.
A pesar de que disfruté mucho del paseo por el bosque, estaba un poco frustrada por no haberlo visto.
De regreso a los ranchitos fui a desayunar y me puse a hablar con uno de los guardas, que me contó qué sonido emite el quetzal, dónde es más fácil verlo y otros consejos prácticos.
Entonces escuchamos a otro guarda que estaba cerca de la carretera y gritaba “¡quetzal!”.
El muchacho me dijo que le diese mi móvil, él haría fotos, que lo siguiese y allá fuimos.
Antes de salir nosotros, el quetzal entró y se posó sobre un árbol en el parking de los ranchitos.
¡Qué belleza de animal!

Voló por encima de nuestras cabezas y volvió a salir a los árboles de la carretera.
Y detrás íbamos nosotros, todos los trabajadores del ranchito, una pareja argentina con sus niños que acababan de llegar…
Se metió en la espesura y lo perdimos de vista.
En los ranchitos todo el mundo está pendiente del quetzal, avisan si ven alguno y te ayudan a verlo.
Es increíble el conocimiento que tienen sobre el quetzal y el amor que le muestran.
Harán todo lo posible porque veas al quetzal en tu estadía en los ranchitos.
Objetivo conseguido, había podido observar un quetzal sobre una rama y lo mejor, verlo volar con sus colores increíbles y su larga cola.
En los ranchitos también verás tucanes y un montón de colibríes, hace generaciones que este lugar es punto de reunión de aves, tanto es así que muchas de ellas ya no emigran, viven todo el año en la zona, incluido el quetzal.

Situación del quetzal en Guatemala
El quetzal está muy amenazado en Guatemala, también los hay en el sur de México y en Costa Rica es donde hay más.
En Guatemala están desapareciendo, de ahí la importancia de los corredores biológicos y los biotopos.
Te dirán que muchos de los quetzales de Guatemala se han ido a Costa Rica, la realidad es que acaban muriendo de hambre en sus migraciones debido a que su ruta ha sido modificada.
La presión humana está dejando a los quetzales sin corredores para sus migraciones y sin alimento para ellos.
Lugares como el biotopo del quetzal y los ranchitos son necesarios para que este pájaro lleno de magia no desaparezca de los bosques nubosos.
Es una pena que ya no hagan rutas migratorias, pero al menos tienen un lugar seguro y con alimentos para poder criar y seguir en los cielos de Guatemala.

Regreso a Cobán
Comí en el restaurante y por la tarde me fuí al biotopo a disfrutar un poco más del misterio del bosque nuboso.
Al día siguiente volví a Cobán.
Estuve esperando el bus de “la monja blanca” en la carretera y, después de más de una hora, decidí tomar un micro que pasaba por allí.
Ese trayecto en micro fue una locura, el conductor estaba muy loco, una señora vomitó, suerte que me puse delante (con un hombre pequeñito que llevaba una gallina en una caja).
El micro me dejó en un descampado y tuve que tomar un taxi hasta la ciudad, intenté regatear al taxista y conseguí rebaja, pero apreté un poco y el señor se ofendió.
Al final tomé el taxi por 30Q y el hombre me llevó con cara de enfadado y no me dirigió la palabra.
Cuidado con regatear en Guatemala, pueden ofenderse mucho.
Pasé la tarde paseando por Cobán, me fuí a comer al Xkape un caldo de gallina que estaba de muerte, compré cardamomo y dulces.
Me gusta Cobán. Es una ciudad normal con gente normal y precios normales. No es un espejismo turístico como Antigua ni un parque temático como Atitlán. Es de verdad.
Me hubiese gustado quedarme más días por la zona, hubiese averiguado cómo llegar a la Laguna Lachuá, que dicen que es preciosa y está a un par de horas de Cobán, hubiese visitado cascadas y rincones escondidos de las Verapaces.
Pero mi vuelo de vuelta a casa salía en 48 horas y era hora de poner rumbo a la capital.
Tomé el bus de “la monja blanca” hasta Guatemala y allí un micro a Antigua.
Mi viaje por Guatemala llegaba a su fin.

Conclusión
Me encantó ir en busca del quetzal y encontrarlo, esos dos días en los Ranchitos respirando y recorriendo el bosque húmedo me sentaron muy bien después del calor de Flores.
Guatemala, como pasa en otros países de Latinoamérica, es un país lleno de misterios y contradicciones.
Se hace querer, pero también te hace enfadar.
El turismo que visita el país hoy en día es sobre todo gente joven con ganas de pasarlo bien, y a veces es tratado como ganado.
No lo juzgo, esto también pasó en España en los años 80, se fomentó el turismo de borrachera y se convirtió en un gran problema.
Espero y deseo que la gente que se dedica al turismo en Guatemala se de cuenta de que es posible recibir visitas más respetuosas con su cultura y su entorno, de que los grupos de jóvenes y los shuttles turísticos a precios desorbitados no son la única opción.
Guatemala tiene un gran recorrido para ser un destino de primera, con hermosos recursos naturales, con una cultura muy rica, con una gastronomía increíble y gente muy amable aunque en general bastante reservada.
El gobierno tendría que promocionar turísticamente el país y destinar recursos para mejorar las carreteras y el sistema público de transportes, y eso no lo digo yo, mucha gente del país dedicada al turismo me lo comentó.
Me pareció un país seguro y con mucho por ofrecer, muy disfrutón si tienes tu propio medio de transporte.
Mi sensación es que hay mucho más que la ruta turística establecida, es un país que tiene un montón de joyas escondidas.
Aquí tienes otros artículos sobre mi viaje a Guatemala:
– Guatemala, una caja de sorpresas
– Antigua Guatelama, lo viejo y lo nuevo
– Lago Atitlán, magia y cultura maya