El lago Atitlán no está muy lejos de Antigua, son un par de horas de carretera.

O 4 horas si decides ir en transporte público.

Normalmente te dejan en Panajachel y de ahí tomas lancha al pueblo que quieras visitar.

 

Lago Atitlán

El lago Atitlán, ubicado en las tierras altas del oeste de Guatemala, es un lugar que atrae turistas en una zona rica en cultura maya.

Es el lago más profundo de Centro América y el tercero más grande de Guatemala. Su parte más profunda se encuentra a 340 metros aproximadamente,​ mientras la profundidad media es de 220 metros. 

Es una importante fuente económica del Departamento de Sololá y desde hace unos años es un centro turístico de gran interés.

El lago corresponde a una caldera volcánica. En sus márgenes se alzan los volcanes de Atitlán(3537 m), Tolimán(3158 m) y San Pedro (3020 m). El lago está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 kilómetros de longitud.

Existen más de 20 grupos étnicos mayas en Guatemala, y varios de ellos viven en la zona del lago de Atitlán, principalmente los pueblos Tz’utujil y Kaqchikel.

Su paisaje y sus panorámicas son lo primero que llaman la atención del Lago de Atitlán y su entorno. 

Pero no sólo hay montañas y volcanes alrededor del lago: hay un reguero de pueblecitos salpicando sus escarpadas orillas.

Me contaron que hace unos 7 años la zona era más tranquila, en estos últimos años se ha desarrollado el turismo de manera exponencial. Y se nota.

Hasta hace unos años llegaban al lago chamanes y mochileros, ahora, sobre todo los fines de semana, llegan lanchas llenas de gente que viene de visita.

Cada pueblo a orillas del lago tiene sus características, no es fácil decidir dónde quedarte unos días.

Los pueblos del lago Atitlán 

Empezando por la derecha desde Pana son:

Pana (Panajachel) la ciudad principal

San Marcos

San Juan

San Pedro

Santiago la Laguna

San Lucas Tolimán

San Antonio Palopó 

Santa Catarina Palopó

Aparte de estos, hay otros pequeños asentamientos más arriba de las montañas, como Santa Clara y San Pablo.

También hay hoteles mágicos como «la casa del mundo» en Jaibalito, antes de San Marcos,en un enclave precioso con unas vistas increíbles donde te ofrecen todo lo que puedas necesitar y absolutamente fuera de mi presupuesto.

Como ves, todos los pueblos tienen nombre de santos, pero también tienen su propios nombres en la lengua tz’utujil.

¿Dónde alojarte en el lago Atitlán?

Como decía, cada pueblo te ofrece algo distinto. 

Pana

es el más turístico y más grande, tienes de todo. Si buscas vida social y cosas que hacer, si eres más «urbanita», es una buena opción

Lo que más me gustó es la panorámica que ofrece desde el muelle. Es una de las más bonitas y completas a orillas del lago.

Pero era demasiado grande y ruidosa para mí.

San Marcos la Laguna

Es el pueblo de la meditación, yoga y calmar el espíritu.

Se pueden hacer terapias holísticas, hay comida vegetariana.

Pensaba quedarme un par de días pero fui un día de visita y me pareció un poco “exclusivo” para yoguis, de hecho hay varias escuelas de meditación.

No me sentí a gusto.

Es un lugar increíble para hacer un retiro de meditación, pero eso no era lo que andaba buscando, y además es un 25% más caro que otros pueblos vecinos.

San Juan la Laguna

Es el pueblo donde pasé las 4 noches que estuve en el lago.

Lo elegí porque su característica principal es la conservación y divulgación de la cultura local. Y eso sí era lo que andaba buscando, conocer a su gente.

Actividades en San Juan

Puedes visitar talleres textiles donde puedes ver cómo confeccionan su ropa. Las mujeres van vestidas con la ropa típica, blusas huipiles y  faldas acampanadas.

Hay variaciones en la ropa según al pueblo al que vayas, los huipiles tienen colores y bordados distintos. 

Recolectar miel de las abejas mayas, que no pican, y conocer sobre esta actividad

Elaboración de chocolate y café. En la calle de los sombreros hay varios lugares donde deleitarte con el café y te contarán cositas.

También hay una calle del café.

Te sorprenderá cómo que tratan el chocolate aquí, no suele ser dulce, es más como un manjar curativo y sus usos también son distintos.

Pasear e ir descubriendo los coloridos murales pintados por todas partes en las paredes del pueblo.

Herboristerías tradicionales. Te hablarán de hierbas para curar todo tipo de males, desde la piel hasta el alma.

Todas estas actividades son gratuitas, promovidas por la gente del pueblo, y te invitan a comprar alguno de sus productos al final. 

Puedes comprar alguna cosa pequeña o hacer algún donativo, por poco que sea, estás ayudando.

Aparte de su atractivo cultural, es el mejor sitio para aprender de la cultura tz’utujil y otras descendientes de los mayas, también tienes cerca un mirador, el “Rostro Maya”, desde el que tendrás una vista increíble del lago.

Pensaba quedarme un par de días en San Juan y luego irme a San Marcos, pero este pueblecito me enamoró y me quedé 4 noches, visitando otros pueblos del lago durante el día.

Alojamiento en San Juan

Me alojé en la Posada Maná, un lugar sencillo regentado por una familia muy acogedora y agradable.

Lo mejor es que tiene un jardín con hamacas y árboles donde refugiarse del bullicio del pueblo. 

Tiene habitaciones dobles con baño, otras con baño compartido y un par de habitaciónes individuales con baño compartido que es lo que alquilé yo.(100Q – 12€).

El baño compartido es un poco justo, pero suficiente.

También tiene cocina equipada y agradable, y agua potable gratis en la recepción.

Otra ventaja de la Posada Maná es que está muy bien ubicada, al final de la calle de las sombrillas, justo delante del mercado.

En San Juan hay bastante oferta de alojamiento, de diferentes rangos de confort y precios, busca el que se adapte a ti y a tu presupuesto.

Yo opté por lo más básico y barato.

Los fines de semana llegan lanchas llenas de visitantes (turistas y locales) y el pueblo se llena hasta la bandera durante las horas centrales del día, pero los días entre semana se está muy tranquilo.

Comer en San Juan 

No puedo dejar de recomendar el restaurante Alma de Colores, no sólo porque la comida está muy rica, y los precios son razonables, es un proyecto para ayudar a las personas con discapacidad del pueblo.

También tienen una pequeña tiendecita enfrente. 

Los fines de semana puedes desayunar y comer en el mercado, está justo enfrente de la posada Maná, al final de la avenida de las sombrillas en la esquina derecha.

Si viajas en temporada baja, los días entre semana encontrarás muchos sitios cerrados, entre ellos la mayoría de los puestos del mercado. Pero hay otras alternativas en el pueblo.

En La Farfalla puedes comer bien a buen precio, es un sitio pequeño, muy agradable donde te tratan muy bien y la comida está rica.

El primer día en San Juan lo dediqué a conocer el pueblo, hacer algunas visitas a talleres y, por azar, hice mi primer temazcal.

El temazcal

Conocí a una pareja argentina en la posada, Patricia y Cristian, y después de hablar un ratito ella me dijo que por la tarde se iba a hacer un temazcal pero que a su marido no le apetecía, que si me apuntaba.

Le dije que sí. Luego le pregunté qué era eso del temazcal.

Un temazcal es una “sauna maya”

A las 4 de la tarde nos fuimos Patricia y yo al temazcal.

Ella creía recordar dónde se ubicaba, pero nos perdimos.

Al final le preguntamos a dos policías municipales que andaban en moto y nos acompañaron hasta el lugar.

Te metes en una choza de barro de techo bajo (tienes que entrar agachada) y te sientas en el suelo. En la parte de fuera tienen un fuego encendido cuyo horno está dentro de la choza.

Sobre ese horno caliente colocan hierbas, ellos deciden cuales según el día y las personas.

A nosotras nos tocó salvia.

En el centro de la choza hay un cubo con agua y un cazo, vas echando agua sobre el horno y las hierbas, tú controlas la temperatura.

Cuando hay mucha gente o pagando más, te acompaña un chamán con canciones hipnóticas mientras te relajas en el suelo. Nosotras elegimos la opción más barata (100Q) y era un “hazlo tú misma”.

Y eso hicimos. Cantamos y nos mecimos en nuestras voces, mientras echábamos agua y nos quedamos sumidas en una nube de vapor.

Estuvimos una hora muy a gusto, nos tuvieron que avisar que se había acabado el tiempo y parecía que habíamos estado 10 minutos…

Tras el aviso nos duchamos con el resto de agua del cubo, la una a la otra, en silencio, como si nos conociéramos de toda la vida. El temazcal nos unió.

Regresamos a la posada Maná limpias de toxinas, con la piel como un bebé, Patricia estaba tan relajada que se fué a dormir y yo me sentía con la batería recargada y a tope.

Te recomiendo un temazcal, especialmente si andas estresada o necesitas resetear.

Hay bastantes ofertas de temazcal en el lago, y también en otros lugares del país.

Para mí el temazcal supuso un punto de inflexión. 

Ya sabía cómo iba a tomarme este viaje: con calma. 

Buscando experiencias y lugares que me enriqueciesen, hablando con gente, sin marcarme objetivos y haciendo lo que me pidiese el alma.

Y así fué. Lo cierto es que en este viaje de un mes apenas hice 300 fotos y no publiqué cada día en Instagram como suelo hacerlo cuando estoy de viaje.

El temazcal me dijo que este viaje era para mí. Para disfrutarlo con los 5 sentidos y olvidar el móvil y las fotos.

San Pedro la Laguna

Al día siguiente Patricia y Cristian se fueron a San Pedro, habían encontrado un hospedaje muy barato allí y tenían ganas de moverse.

Yo me fui a echarle un ojo a San Marcos, no estuve mucho rato, la verdad, no sentí que tuviera nada que hacer allí y decidí que estaba muy bien en San Juan.

Luego tomé la lancha a San Pedro.

Durante el día está muy tranquilo y está bien deambular por sus calles, encontré un sitio bonito donde bañarme en el lago y me encontré con Patricia y Cristian. Estaban muy contentos con su alojamiento a orillas del lago.

Ví un cartel que señalaba baños termales a las afueras de pueblo y me fuí para allá.

Encontré “los Termales” un sitio auténtico donde tomar unos baños termales con vistas al lago por 60Q. 

También dan masajes, mucha gente va a darse un masaje y baño después de subir un volcán.

Yo no había subido un volcán pero me encantan los baños termales, será cosa de la edad jeje, así que me dí el gustazo.

De regreso al pueblo comí algo y me fuí al embarcadero a tomar la lancha a San Juan, mi casita.

Al día siguiente Patricia me envió un whatsapp en el que contaba que no habían podido dormir en toda la noche, la juerga duró hasta la salida del sol.

¡Y era un día entre semana!

Eso es básicamente San Pedro. Gente joven y juerga nocturna (hay clínicas para la resaca y todo). 

Si te va la fiesta es tu lugar.

Si no, vale la pena visitarla durante un día, pero no te quedes a dormir.

Santiago Atitlán se quedó en el tintero

Mi plan al día siguiente era tomar una lancha hasta Santiago Atitlán y visitar la otra orilla del lago, pero se levantó viento y nubes de tormenta. 

Para ir de San Juan a Santiago debes ir hasta San Pedro, cambiar de muelle y de allí tomar la lancha que atraviesa el lago hasta Santiago.

En San Pedro me dijeron que habían anulado dos lanchas a Santiago por el tiempo, el centro del lago estaba muy picado, las lanchas de fibra de vidrio son muy básicas y no me podían garantizar que pudiese regresar el mismo día.

Al día siguiente me iba para Chichicastenango, o sea que no tuve oportunidad de ir a Santiago y Santa Catarina Palopó, que me habían dicho que era un pueblo muy tranquilo con vistas muy bonitas al lago.

Conclusión

No pude visitar todos los pueblos del lago. Un motivo para regresar.

Me encantó mi estancia en San Juan, en la posada Maná con Milton, Wendy y sus pequeños, con la campana de la iglesia grabada sonando cada hora, con los gallos, las abejas que no pican, las comidas ricas, el temazcal, las termas, las visitas en lancha a los pueblos vecinos, la magia de los paisajes y la voz sorda de las antiguas culturas.

En el lago de Atitlán hay de todo: trekkings, magia, cultura, fiesta, relax, espiritualidad…

Podrías cambiar de pueblo según tu estado de ánimo y quedarte una eternidad en este lugar lleno de historia y de magia.

La temperatura es primaveral, gracias a su altitud.

La gente es amable y orgullosa de sus raíces, y eso me gustó.

Pensé que a mi regreso, si me sobraba tiempo, volvería al lago, esta vez a la orilla izquierda… pero me esperaban otros planes y sorpresas por el camino y no volví.

Al día siguiente, un jueves, me subí en un bus hacia Chichicastenango… te lo cuento en el próximo artículo.