Tikal siempre ha sido uno de esos sitios que tenía marcados a fuego en el corazón, y superó mis mejores sueños. ¡Ya estaba cerca!

Pero antes pasé un par de días en Río Dulce.
Visita a Río Dulce.
Después de unos días tranquilos y sociales en Lanquín y unos bañitos en Semuc Champey. decidí dirigirme a Río Dulce antes de llegar a la guinda del viaje, Tikal.
Lo que más vale la pena de Río Dulce es el paseo en lancha hasta Livingston.
El Río Dulce se encuentra en el departamento de Izabal, entre el Lago de Izabal y la Bahía de Amatique. De alrededor de 43 kilómetros de largo, el Río Dulce es la puerta de entrada al Mar Caribe.

La ciudad de Rio Dulce no tiene nada de especial, aparte de un gran supermercado con aire acondicionado donde puedes ir a refrescarte un rato.
Porque el calor es tremendo. Estuve en la zona en abril, final del verano o época seca y el bochorno se pegaba en la piel..
Alojamiento en Río Dulce
Puedes alojarte en la ciudad o en alguno de los hospedajes que hay a orillas del río.
Me alojé por 2 noches en Casa Perico, un alojamiento en los manglares, alejado de todo.
Tienen habitaciones compartidas por 90Q la noche.
Me gustó la experiencia de dormir en los manglares, pero con un par de días es suficiente.
Hay unos «tábanos rubios» que pegan unos mordiscos muy dolorosos, aparte de otros bichos. Es lo que tiene el manglar.
Lo malo, aparte de los insectos, es que para moverte necesitas una lancha.
El alojamiento te ofrece la ida y la vuelta en lancha desde el pueblo gratis, pero si quieres hacer algún otro desplazamiento debes ir por tu cuenta.
Tienen kayaks de uso libre para los huéspedes, puedes coger uno hasta la plataforma que hay en las aguas abiertas y darte un baño.
El restaurante no está mal y el precio es aceptable. Las raciones, eso sí, son abundantes.
Las camas son cómodas, con mosquitera, y los lavabos limpios.
Es el único alojamiento en todo mi viaje por Guatemala donde me cobraron por el agua.
Mi idea era navegar hasta Livingston y volver en el mismo día. Y eso hice.

Navegar de Río Dulce a Livingston.
Desde el alojamiento el precio del viaje es de 200Q para ir en la lancha pública, pero como nos apuntamos unos cuantos, al final nos ofrecieron una lancha privada, más pequeña, por el mismo precio.
Y fué un acierto.
La lancha pequeña, con toldo, permite entrar en los meandros y rincones del lago Izábal y del río.
Por el camino ves pájaros, tortugas, algún cocodrilo o manatí si hay suerte… pero lo mejor es cuando entras en el cañón de Río Dulce, con aguas prístinas, una vegetación exuberante y mucha fauna.
La lancha tardó casi dos horas en llegar a Livingston, el barquero se lo tomó con calma, nos enseñó rincones escondidos y fué una navegación muy disfrutona.

Livingston
A este pintoresco pueblo sólo se puede acceder por agua..
Hay una amplia comunidad garífuna en el pueblo. Los garífunas son los descendientes de los esclavos traídos de África.
El pueblo está bien para dar un paseo y comer la comida típica garífuna, pero no da para mucho más.
Las playas cercanas al pueblo no son nada del otro mundo, para ir a las mejores playas, como Playa Blanca, debes tomar una lancha que tarda una hora.
Como sabes no soy muy de playa, así que me conformé con un chapuzón en el agua caliente de la playa Capitanía, la del pueblo.
Un par de chicas de la lancha se quedaron a dormir en Livingston, hay alojamiento decente a orillas del río, pero no sé si vale la pena, a menos que vayas a explorar playas.
Por la tarde regresamos con la lancha a nuestro alojamiento y a la mañana siguiente salí hacia Tikal.
Como digo, lo mejor de Río Dulce es navegar por el río. Si vas mal de tiempo es una visita prescindible.

Flores, camino a Tikal
La mayoría de la gente que visita Tikal se aloja en la isla de Flores, un sitio peculiar y muy turístico.
La isla se encuentra en el lago Petén Itzá, cerca de la orilla. Hay un puente que te lleva hasta la isla.
Es un típico pueblecito colonial, con casas bajas y calles empedradas.
Hace unos años que ha subido el nivel del lago y el 70% del malecón o paseo marítimo que rodea la isla está inundado, por lo que olvídate de pasear por allí
Dentro del pueblo el calor es sofocante, es muy turístico, el alojamiento y la comida son caros.
Estuve sólo una noche en Flores, para mí más que suficiente.
El colectivo te deja en la terminal de Santa Elena y de ahí tienes que tomar un tuc tuc hasta la isla (10Q) que está muy cerca.
Pero yo no quería alojarme en Flores. Desde la terminal de autobuses puedes tomar un micro hasta El Remate, que está a medio camino entre Flores y el parque de Tikal.
Hay micros cada hora hasta las 5 de la tarde.
Me habían dicho que era un pueblo tranquilo, con precios asequibles, atardeceres en el lago y playas limpias.

El Remate
El colectivo me dejó en la terminal de autobuses y de allí tomé un micro al Remate
Es una aldea pequeña, con varios alojamientos, supermercados y restaurantes a los lados de la carretera que va a Tikal.
También está en la orilla del lago Petén Itzá, tiene una playa y varios muelles desde donde bañarse, el agua está limpia (no como en Flores, que no da ganas de bañarse, la verdad).
Alojamiento en el Remate
El alojamiento es mucho más asequible que en Flores. Me alojé en la Posada Ixchel, un alojamiento sencillo y familiar.
Pagué 100Q (12€) por una habitación con baño, un ventilador de techo y otro de pie y una pequeña terraza cubierta.
Por ese precio te costará encontrar una habitación compartida en Flores.
La familia es muy agradable, la habitación es amplia y limpia, y afuera hay un patio donde se ubica la cocina comunitaria y un frondoso jardín.
La cocina exterior está limpia, bien equipada y es un lugar muy agradable donde socializar.
El wifi no llega a las habitaciones, sólo puedes usarlo en la zona de la cocina, pero como tenía mi tarjeta de datos de Tigo, no fué ningún problema para mí.
Es el sitio ideal para alojarte si viajas sola.
Si viajas en pareja o en familia, te recomiendo la Casa de don David, las habitaciones tienen aire acondicionado, la comida es deliciosa, tiene vistas al lago y te tratan muy bien. Es un poco más caro pero muy apetecible.
Tiene una terraza deliciosa con vistas al lago donde disfrutar de las puestas de sol.
Pasé muchas horas en Casa de don David, aunque no me alojase allí.
Estuve 4 noches en el Remate. Y me encantó. Un sitio tranquilo, rodeado de naturaleza, sin apenas turistas, con gente auténtica.

Tikal
Mi idea en principio era alojarme en el Remate y visitar Tikal y las ruinas de Yaxhá.
Tomé el primer colectivo de la mañana en el Remate, enfrente de la posada, dirección a Tikal, a las 5:30.
En él viajan los trabajadores del parque, que abre sus puertas a las 6:00. Ni un turista.
El 90% de los turistas visitan Tikal en viajes organizados en grupo. No saben lo que se pierden, ahora te lo cuento.
Llegué al sitio donde tenía que pagar la entrada y allí me dejó el micro.
El conductor me dijo que si me daba prisa y compraba la entrada rápido me esperaba.
Pero un bus lleno de turistas había llegado antes y copaban las taquillas.
Le dije que siguiera, los trabajadores debían llegar al parque, y me puse a la cola.
Pensé que la entrada del parque no debía estar muy lejos (a veces la lógica nos confunde) pero no es así.
Faltaban 20 km para la entrada del parque.
Me puse a hablar con el guía del grupo de turistas mientras hacíamos cola, cuando hube comprado la entrada le pregunté si me podían llevar hasta el parque.
Le preguntó al chófer que sacó un banquito a su lado y allí me senté. Buff, qué alivio.
¡Hice 20 km de autostop por Guatemala!
Cuando llegamos al parque el guía se llevó a su grupo a desayunar y yo me dirigí a la entrada.
Fui la primera visita del día, en la entrada me ofrecieron ponerme un sello en el pasaporte de que había estado en Tikal, saqué mi pasaporte y me lo sellaron.

Si viajas sola puedes preguntar por el sello, no lo hacen cuando son grupos porque sería un lío.
A mí me lo ofrecieron ellos por ser la primera visita del día.
Y un vendedor me vendió una botella grande de agua a precio de una pequeña por ser la primera visita.
Había comprado un mapa del recinto con la entrada (20Q) y me fuí para adentro.
Siguiendo el camino te metes en la selva.
Y la selva, a las 6 de la mañana, se está despertando. Nunca olvidaré el sonido atronador de los pájaros y los monos, completamente sola, metiéndome en la espesura.
El camino está muy bien señalizado y llevaba un mapa, eso sí, mejor llevar zapatos cerrados y pantalón largo, ví una serpiente de coral, son muy venenosas.
Recuerda llevar agua, algo de comida y una gorra para cuando el sol apriete.
También lleva repelente y protector solar.

La gran plaza de Tikal
Y entre aullidos de monos y cantos de pájaros llegué a la gran plaza, la foto más conocida de Tikal, donde se ubican los dos templos principales.
Puedes subir a uno de ellos por unas escaleras de madera, las vistas son espectaculares.
Estuve un rato por allí y cuando bajé de la pirámide empezó a llegar gente, o sea que cogí el mapa y me volví a meter en la jungla.

Los 7 templos y el Mundo Perdido
Llegué a la zona de los 7 templos y el Mundo Perdido, un lugar lleno de magia.
Me senté en el centro de la plaza de los 7 templos, donde se jugaba a la pelota en la época de los mayas, escuchando el ruido de la selva, ví un par de monos aulladores y un tucán.
Había un par de botellas de plástico en el suelo, las aplasté y me las metí en la mochila. Recuerda recoger tu basura
Seguí hasta el Mundo Perdido, un lugar que se hizo un rincón en mi alma.
Con ayuda del mapa visité todos los templos (hay 6 grandes templos en el recinto y otros más pequeños), caminé 16 kilómetros y ni me enteré, no hacía mucho calor y estaba extasiada.
Esa mañana, perdida por la antigua ciudad de Tikal, fué unos de los mejores momentos de mi viaje.
Tikal me encantó. He estado en Machu Picchu y es espectacular, pero la vida que hay en el parque de Tikal, la selva viva que se está comiendo la ciudad muerta… es increíble.

La paradoja de Tikal
Es curioso, porque fué la destrucción de la selva para construir la ciudad la que obligó a sus habitantes a abandonarla.
Al deforestar la zona para cocer los enormes bloques con que están construidos los templos y edificaciones, (verás que las piedras tienen un color negruzco), dejaron la zona pelada.
La consecuencia fué una sequía que dejó sin agua la ciudad.
No hay ninguna fuente de agua en Tikal. Se construyeron grandes depósitos de agua para recoger el agua de lluvia, pero una sequía de varios años provocada por la deforestación los secó y los habitantes de la ciudad tuvieron que abandonarla.
Esa selva que se destruyó para construir la ciudad se vengó y ahora está tomando posesión del lugar. Justicia poética.
A eso de las 10 de la mañana, cuando el calor empezaba a apretar, ya había visitado todo el recinto y volví a la plaza central.
Empezaba a haber demasiada gente, grupos de turistas con sus guías dando explicaciones.
Los monos y los pájaros ya no se oían. Las voces humanas tomaron el lugar.
Cuando salía del parque, a eso de las 11 de la mañana y con un calor infernal, llegaban montones de autobuses.
Esperé al micro público en el parking, no estuve ni 15 minutos, y regresé mi casita en el Remate.

Conclusión
Fue un acierto ir por mi cuenta a primera hora de la mañana y haber disfrutado plenamente del lugar.
El bus del Remate a Tikal cuesta 25Q x 2 = 50 (ida y vuelta) y la entrada a Tikal 150Q.
Por 200Q (25€) pasé una mañana de las más bonitas de mi vida.
Sin masificaciones, me sentí como una exploradora, me sumergí en el pasado de una hermosa ciudad maya, imaginé y soñé mundos perdidos en la selva.
Mejor y más barato que un tour en grupo.
Regresé con el alma encendida y media docena de botellas y envases de plástico.
No entiendo cómo hay gente que llega hasta un lugar tan mágico y deja sus residuos, es algo que me supera.
Está lleno de carteles que indican que te lleves lo que has traído y no dejes basura a tu paso, pero siempre hay algún guarro descerebrado.
Tikal me enamoró. He estado en muchos sitios que te dejan con la boca abierta, y con el tiempo te acostumbras a la belleza.
Tikal se te mete en el alma por la belleza y magia del lugar, pero también se te mete en los oídos el estruendo vivo de la selva.
El truco de disfrutar Tikal 100% es ir a primera hora por tu cuenta.
Si prefieres alojarte en Flores, sólo tienes que tomar un tuk tuk hasta la terminal de Santa Elena y luego un micro hasta el parque.
Si te alojas en el Remate estarás más tranquila, es más barato, rural y auténtico, y el micro te recoge en la carretera, justo delante de la Posada Ixchal.
Quería moverme, el calor empezaba a asfixiarme, así que al día siguiente me fuí a Flores para pasar la noche allí y tomar un bus a Cobán a primera hora.
Buscando parajes más altos y más fresquitos.
Te lo cuento en el próximo artículo.
Aquí tienes otros artículos sobre mi viaje a Guatemala:
– Guatemala, una caja de sorpresas
– Antigua Guatelama, lo viejo y lo nuevo
– Lago Atitlán, magia y cultura maya