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En este post te cuento lo que encontré en la Albania interior: lagos, montañas y una incursión a Macedonia.

Bus Gjirokaster – Korça

Empezaré a contar mi experiencia por la Albaia interior en el bus Gjirokaster – Korça. Evidentemente no sabía dónde me metía.

El recorrido dura 6 horas, fué el más largo de todo mi viaje. 

No es la distancia la que hace el recorrido largo, sino la carretera, de la cual hay tramos en los que sólo quedan restos, las curvas, y que se para en todos los pueblecitos perdidos.

Se podría pensar que es un palo de viaje, pero, “ya que estás en él, saca lo mejor”. 

Lo disfruté como una niña y pude ver la Albania más rural, la que había imaginado:

Rebaños de ovejas y cabras en la “carretera”, pueblecitos en los que una señora te regala dos manzanas, porque sí, porque eres la única mujer y extranjera del bus, y porque os habéis cruzado una sonrisa.

Hay que tener mucha pericia para llevar un trasto por esas curvas. Y los conductores (en este caso eran 2) fumaban y hablaban por el móvil mientras sorteaban curvas de 180 grados. 

Pasamos por bosques cerrados, por zonas agrícolas, veías caballos y burros cargando cosas…

A eso de las 10 nos paramos en un bar de carretera a desayunar, sopa de carne, por supuesto. Me sentí automáticamente transportada a los años 80.

Tras el “desayuno” salió de algún sitio un par de botellas de “raki”, que todo lo cura, como dicen ellos, y todos se tomaron un par de chupitos, pasajeros y chóferes. Yo me las arreglé para tomar sólo uno, el raki pega fuerte y rápido.

A partir de ahí el bus fué una fiesta.

En un bus con 2 conductores y 6 o 7 pasajeros, todos hombres mayores, algunos pastores y campesinos, un cartero y hasta ahí puedo leer, intenta entender lo que te dice un señor albanés en un bus lleno de humo, canciones de taberna y efectos del raki.

¡Me encantó ese bus!. Llegué a Korça sobre las 2 de la tarde, fuí al hostel a dejar las cosas y a ducharme, y salí a comer algo.

Korça

Me alojé en el «At home Studio», un hostel pequeñito y familiar que tiene la peculiaridad de estar reformado con materiales reciclados y decorado con obras del dueño, que es un artista. 

Divertido, acogedor y a un paseo de 5 minutos del centro. 

Me costó 12€ la habitación de 4 donde sólo había una chica, Arijeta, alemana de padres albaneses que estaba en el país por trabajo y visitando a la familia.

Mi idea era quedarme esa noche en Korça y seguir por la mañana con el primer bus a Pogracec, Arijeta me dijo que ella iba a Pogradec, tenía un coche de alquiler y podríamos ir juntas. 

Por la mañana fuimos a dar una vuelta por el Old bazaar, muy bonito, y aunque casi todos los comercios estaban cerrados (temprano y fuera de temporada) tenía mucha vida.

Pensé que Korça hubiera merecido un día entero y quedarme una noche más, ví poco, pero me tentó y me quedé con las ganas.

A media mañana tomamos rumbo a Pogradec, en un coche limpio, nuevo y moderno. Estuvimos hablando todo el trayecto y se nos hizo corto, en hora y media estábamos allí.

Pogradec

Arijeta me dejó delante de mi hostel, ¡eso es un lujazo! Cuando viajas en bus, las caminatas desde la parada del bus hasta el alojamiento (y viceversa) con la mochila a cuestas no te las quita nadie. Nos despedimos como si nos conocieramos de toda la vida. La magia de los viajes.

Pogradec es una ciudad de playa en el interior. Tiene una hermosa playa de arena en el lago Ohrid, uno de los lagos más profundos y antiguos de Europa.

Y eso es todo.

El entorno es bonito, pero en temporada baja, la verdad, resultó ser bastante muermo. Casi todo estaba cerrado y sólo se veía gente mayor por la calle. No sé, me dió la sensación de estar en un gran asilo, o un balneario decadente.

La orilla del lago está bien, la ciudad no tiene nada de especial y se nota que era donde venía la gente rica años atrás, tiene un aire pretencioso.

Decidí ir hasta Ohrid, que está en la orilla noroeste del lago, ya en Macedonia.

Cómo ir de Pogradec a Ohrid (Macedonia):

Tomé el microbús hasta Tushemish, y como quedó vacío en el pueblo, le dije al conductor que me llevara hasta la frontera, un kilómetro más allá. Me dijo que me llevaba por 100 leks y acepté.

El cielo estaba gris y amenazaba lluvia, o sea que no es poca cosa ahorrarse un kilómetro andando.

Pasé el control albanés, había muy pocos coches, así que me puse a caminar por la carretera hasta el control macedonio.

Empezó a caer una lluvia fina y molesta. Llegué al control macedonio, lo pasé detrás de un par de coches y ¡Ya estaba en Macedonia!.

Un puesto fronterizo pequeño y ni rastro de transporte público. Quizá en verano haya buses, pero a primeros de octubre no hay nada.

Había una pareja de mediana edad sentada en la parada del bus bajo la marquesina, protegidos de la lluvia. La señora estaba echando chispas. No bus.

Le hago entender que si no hay bus habrá que hacer autostop. quedan 40 km para llegar a Ohrid.

No me quedé allí, la señora malhumorada me daba mal rollo, me fuí un poco más abajo en un sitio protegido de la lluvia.

Me senté, me dije que era cuestión de tomármelo con calma, me tomaría un té y ya veríamos…

No había abierto el termo cuando pasó una furgoneta, se paró, me preguntaron dónde iba, “Ohrid”, ok súbete ¡y ya está! Otra vez la magia albanesa.

Era una empresa polaca que organizaba rutas en bici, la furgoneta era de apoyo a los ciclistas. Tadek y Igor fueron muy majos, hablamos de viajes, de la vida…

Otro viaje divertido y haciendo amigos hasta Ohrid.

 

 

 

Ohrid

La ciudad de Orhid está llena de vida, cosas que hacer, sorpresas y belleza ¡Me enamoré enseguida del lugar! Había sido una buena decisión dejar Pogradec y venir aquí.

Me quedé 3 noches en Ohrid. Sólo había un hostel abierto, le eché un vistazo y no me gustó, estaba muy sucio y dejado. 

Al final encontré los Apartments Tomic en oferta, 12€ por noche en una habitación con cocina y un gran baño, con una pequeña sala de estar y terracita. ¡Como una reina!

Ohrid es preciosa. Las callejuelas empedradas del barrio medieval y la Fortaleza de Samuel en lo alto, los paseos por los alrededores del lago, la zona peatonal que te lleva de las entrañas del barrio antiguo al bazar y la zona musulmana, donde puedes comer muy bien y barato y visitar el mercado…

También puedes visitar el anfiteatro griego

 

Si quieres dar una vuelta por el lago, pregunta a las barcas pequeñas.

Encontré un hombre, antiguo pescador (hoy en día está prohibido pescar en el lago para preservar las especies autóctonas) que me ofreció darme una vuelta en su barca por 700 dinares (Unos 10€)

Fué sólo media horita, pero lo disfruté mucho. Y además favorecí directamente a alguien del lugar.

Macedonia es un pelín más cara que Albania, el cambio es de 1€= 60 dinares, pero, aparte de eso, la gente es tan amable como en Albania, y quizá algo más relajados.

Disfruté mucho de esos días en Ohrid, de los paseos por las pasarelas de madera que rodean la costa, las iglesias bizantinas, de las vistas desde la fortaleza, las comidas y los çais turcos en antiguo bazar … ¡y de ver montones y montones de gatos!

Me empapé de Ohrid, me dejé llevar y lo disfruté muchísimo.

Quería ir a los Alpes Albaneses antes de volver a casa, así que por la mañana de mi cuarto día en Ohrid tomé un bus a Tirana.

Como no me quería quedar en la capital, me trasladé de una estación de buses a otra haciendo autostop, y tomé un bus a Shkoder.

Fué un día de buses, pero valió la pena.

Shkoder

Es una ciudad grande, puerta de entrada a los Alpes albaneses.

En Shkoder decidí hacer algo distinto y me alojé en un hostel que pertenece a una asociación para ayudar a mujeres maltratadas.

La sociedad albanesa es muy patriarcal,muy centrada en la familia y los valores tradicionales, muy machista y con mucha violencia doméstica.

El albergue se llama Hapa te Lehte, que en albanés significa “primeros pasos”. Es un tanto austero, alquilan habitaciones sencillas con baño compartido. Me costó 15€ la noche, un poco caro para lo que suelo pagar, pero la causa lo valía.

También tienen un restaurante un par de calles más abajo, se llama “Arti Zanave” y sirven comida tradicional albanesa, hecha con cariño, a muy buen precio y ayudando a mujeres que lo están pasando mal, o sea que lo recomiendo absolutamente.

De hecho comí cada día allí.

Por la mañana ayudé a hacer alguna reparación casera en el albergue, comí en el “Artí Zanave” y me cambié a otro alojamiento, porque tenía ganas de compartir experiencias con otros viajeros y preparar mi excursión a las montañas.

El Hostel “Mi casa es tu casa” es todo lo que se puede esperar de un buen hostel. Gente joven, habitaciones compartidas, terraza con bar, un edificio con personalidad y encanto en un lugar muy céntrico, limpio, te dan información sobre actividades y cómo organizar trekkings por las montañas… ¡y además tiene 5 perros y una ancianita!

Compré el billete para el minibús para ir a Theth a la mañana siguiente. Cuesta 12€ y te recoge en el hostel. Si quieres hacer el trekking de Theth a Valbona, o viceversa, puedes dejar la mochila grande en el hostel. 

Yo no iba a hacer el trekking, porque me pareció muy turístico y caro y no tenía ganas de largas caminatas, la verdad.

Por eso elegí Theth, se pueden hacer caminatas cortitas y hay sitios bonitos donde ir por tu cuenta.

Theth

El autobús tarda unas 2-3 horas en llegar a Theth desde Skoder. En este caso era un microbús nuevo lleno de turistas.

Theth es un pueblo pequeño rodeado de montañas y paredes de piedra, muy bonito.

Me alojé en el  “Guest House Rrashkadoli”, una casa familiar de piedra reconvertida en Guesthouse y restaurante.

El alojamiento es más caro en los Alpes albaneses. Una habitación compartida de 5 camas me costó 18€ por noche, y tuve suerte de encontrar sitio en uno de los alojamientos más económicos. Si viajas a esta zona en temporada alta hay que hacer reserva sí o sí.

Esos últimos días en el Rrashkadoli fueron un gran acierto. La casa está a 2 km del pueblo, en una zona preciosa, llena de prados, con las montañas alrededor, un paisaje alpino precioso, y además nos hizo muy buen tiempo.

Hice amistad con una pareja Australo-belga, Blake es australiano y Linda belga de ascendencia macedonia y habla algo de albanés, viven en Brisbane. 

Fuimos juntos a las cascadas cercanas, compartimos anécdotas viajeras y “raki”… unos días deliciosos.

Rosa y Lekar, los anfitriones de la casa también son adorables, Lekar produce su propio “raki” de ciruelas y se pasa el día ofreciendo “shots” de raki a los invitados, con lo que, sobre todo las tardes, pasan con alegría.

Rosa se encarga del restaurante y prepara comidas hipercalóricas, de esas que sirven para subir una montaña, con cantidades industriales de carne y patatas. Procuro no comer carne, pero debo decir que la carne de la casa era deliciosa y con sabor, ellos crían y matan sus propios animales (cerdos y corderos).

Se nota que en Albania se practica la ganadería extensiva, que los animales viven en los campos y tienen una buena vida, porque cada vez que comí algo de carne me transportaba a mi infancia, cuando la carne tenía sabor.

No es fácil encontrar comida sin carne en Albania, pero no es imposible.

Esos últimos días en Theth llenaron mis retinas de luz, mis piernas de montaña y mi alma de risas y raki.

La pareja australiana regresaba a Tirana en taxi y me invitaron a viajar con ellos.

Otro viaje plácido, un lujo, nos vinieron a recoger al guesthouse de Theth en un 4×4, porque el camino hasta el pueblo es un camino de cabras lleno de piedras, luego tomamos un taxi. 

Yo me quedé en Shkoder, no quería pasar la noche en Tirana, Blake y Linda siguieron hasta la capital. No me dejaron pagar nada y además me invitaron a su casa en Brisbane. ¡El mundo está lleno de gente maravillosa!.

 

Es difícil volver a “la civilización” después de unos días en las montañas. Volví a comer al “Artí Zanave” con mis chicas favoritas, hice las últimas compras por Shkoder, y al día siguiente bus a Tirana para volar a casa.

Conclusiones

Albania tiene mucho que ofrecer. Para ser un país tan pequeño tiene una gran diversidad de paisajes, actividades y naturaleza, gente increíblemente amable y precios más que moderados.

Puedes descubrir los secretos de Albania mientras recorres la costa, perderte en ciudades medievales, o sorprendenrte con su naturaleza en las zonas del interior.

Pero se nota que eso está cambiando. En pocos años será un destino turístico como Croacia, se masificará y los precios subirán.

O sea que si quieres disfrutar de la Albania auténtica, no esperes mucho para ir.

Les deseo lo mejor a los albaneses, gente dura y resiliente que han tenido que pasar por mucho.

Este pequeño país arrinconado al este de Europa, olvidado por muchos años, merece ser tenido en cuenta. 

Aunque espero que no pierda su autenticidad, que ya hoy en día se diluye con la influencia de esa Europa caníbal que se come la diversidad en favor de la uniformidad. 

Que está bien que todos seamos iguales, ¡pero no tanto!