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Planificando el itinerario

Khiva es el punto de partida para visitar los “kalas” (fortificaciones en el desierto) y para llegar a Moynaq, donde están los barcos fantasmas que un día navegaron por el Mar de Aral.

Había leído en muchos posts que para llegar a Moynaq desde Khiva había que pasar la noche en Nukus, que es una ciudad polvorienta, fea y cara.

La distancia entre Khiva y Moynaq es de unos 300 km, no hay bus directo ni tren.

La opción más económica es: bus hasta Nukus (También hay trenes, pero muy pocos, como 3 por semana), pasar la noche, bus hasta Moynaq y regresar el mismo día a Nukus para dormir ahí. Y al día siguiente bus a Khiva.

Aunque es la opción más económica, es un palo. Y como decía, el alojamiento es caro en Nukus, que, aparte del museo de arte, no tiene ningún atractivo

Mi intención era llegar a Moynaq sin tener que pernoctar en Nukus a la ida y a la vuelta.

Y quería pasar una noche en una  yurta en el desierto.

Contacté con Murad de Islambek Travel en Khiva y le propuse el itinerario que quería hacer, a ver si era factible y qué precio podría tener.

 Quería ir a ver Kalas, que es lo típico de la zona. Son fortificaciones abandonadas en el desierto. Puedes hacer una excursión de medio día y ver 3 kalas o alargarlo a 5 o 7 kalas.

En uno de los kalas más famosos, Ayaz Kala, hay un campamento de yurtas y puedes pasar la noche. No es barato, 50$ dormir, cena y desayuno, pero tenía ganas de salir de la ciudad, 

Mi idea era hacer los 3 kalas, dormir en las yurtas y salir al día siguiente hacia Moynaq, pasar la noche allí y regresar al día siguiente a Khiva pasando por Nukus y visitar el museo de arte vanguardista ruso.

Eso le propuse a Murad, y me dijo que sí era posible. Un coche con conductor hasta Ayaz Kala y otro para llegar a Moynaq y volver por Nukus.

Presupuesto

Primer coche: Khiva, tres kalas y dejarme en Ayaz Kala: 35$

Segundo coche: Ayaz Kala – Moynaq – Nukus – Khiva: 140$

Si a eso le sumas los 50€ de las yurtas, comidas, alojamiento en Moynaq…

250$ no te los quita nadie

Se me iba del presupuesto, pero era el mejor precio que encontré haciendo lo que yo quería.. 

Que te hagan un itinerario a medida tiene su precio.

Después de pensarlo (no mucho) decidí que lo haría. 

Por supuesto sale mucho más barato si hay más gente compartiendo vehículo.

Así que,después de tres días descubriendo Khiva, me fuí al desierto.

República de Karakalpakstán

Otovay me pasó a recoger por mi guesthouse a las 8 de la mañana. 

Un conductor mañoso y silencioso que no hablaba nada de inglés.

Cruzamos el río Amu Daria y nos adentramos en la República Autónoma de Karakalpakstán.

Está ubicada en el extremo oeste del país, limitando al oeste y norte con Kazajistán y el Mar de Aral, al este y sureste con Navoí y al sur con Corasmia y Turkmenistán.

Con 166.600 km² es la zona más extensa de Uzbekistán, con un millón ochocientos mil habitantes, una de las regiones menos pobladas del país.

Tiene constitucionalmente reconocido el derecho a independizarse del estado uzbeko.

Desde aproximadamente el año 500 a. C. hasta el 500 d. C., la región de lo que hoy es Karakalpakstán fue una próspera zona agrícola apoyada por una extensa irrigación. 

Era un territorio estratégicamente importante y ferozmente disputado, como lo demuestran las más de 50 fortalezas que se construyeron aquí.

Sin embargo, en la actualidad, el drenaje del Mar de Aral ha convertido a Karakalpakstán en una de las regiones más pobres de Uzbekistán.​ 

La zona sufre una gran sequía, en parte debido a los patrones climáticos, pero también en gran medida porque los ríos Amu Darya y Syr Darya se explotan sobre todo en la parte oriental del país. 

Las malas cosechas han privado a unas 48.000 personas de su principal fuente de ingresos y la escasez de agua potable ha provocado un aumento de las enfermedades infecciosas.

Lo que un día fué un vergel, sobre todo el delta del río Amu Daria, hoy está seco y contaminado. 

La temperatura ha aumentado en 10 grados en los últimos 40 años.

Visita a las tres fortificaciones del desierto:

Lleva calzado cómodo y tapado, porque tendrás que subir por la arena. No olvides llevar gorra o taparte la cabeza y proveerte de agua. 

Kizil Kala:

Este antiguo edificio data de los siglos I–II d.C. E. Según la versión principal, fue construida para fortalecer y defender el territorio, aunque también se le dieron otros usos.

Se la llama “la fortaleza roja” por el color de su tierra.

Sus muros exteriores están siendo reconstruidos con técnicas antiguas, eso hace que te puedas hacer una idea de cómo era la fortaleza en sus buenos tiempos.

Topraq Kala:

Toprak-Kala, fue una antigua ciudad palaciega y la capital de Corasmia en los siglos II y III, donde se descubrieron pinturas murales, monedas y archivos. Su historia abarca un periodo que va del siglo I al V.

Su característica principal es que gran parte de la fortaleza está excavada en la tierra.

De hecho su nombre significa “fortaleza de tierra”.

Ayaz Kala:

Es un conjunto de tres antiguas fortalezas de barro construidas hace más de 1.500 años. 

Las estructuras, una inferior, una intermedia y una superior, son impresionantes en tamaño y en la complejidad de su construcción. 

En la época en que se construyeron y fueron habitadas había un oasis en las inmediaciones, que hoy ha desaparecido, alimentado por el agua de los canales procedentes del río Amu Darya. 

Fueron abandonadas hace unos 1000 años, para ser redescubiertas en la década de 1940 por el arqueólogo Sergei Pavlovich Tolstov.

Estas son las tres Kalas más imponentes, como ya he dicho hay más de 50 fortificaciones repartidas por el desierto.

Campamento de yurtas de Ayaz Kala

A las tres de la tarde, me despedí de Otovay, el conductor silencioso y me quedé en el campamento de yurtas de Ayaz Kala.

Decidí subir a la fortificación al atardecer, cuando el sol se relaja y la luz es increíble.

La subida es intensa, o sea que mejor no subir cuando pega más el sol.

En el campamento de yurtas hay camellos con crías, miradores con una vista espectacular y unos columpios para relajarse y observar el desierto y la fortificación.

Hay una yurta – comedor y unas 8 o 9 yurtas para dormir. Hay lavabos y duchas en edificaciones de piedra.

Allí me encontré con dos mujeres francesas de 70 años que también viajaban por su cuenta. También se quedaban a pasar la noche.

Cenamos juntas y hablamos mucho, la anfitriona sacó una botella de vodka karakalpako y entre chupitos y batallitas pasamos un buen rato.

Dormí como un bebé en mi yurta, oyendo el viento soplando en el desierto y los sonidos de los camellos. No tuve nada de frío.

Supongo que el vodka ayudó bastante.

A la mañana siguiente, después de desayunar, apareció mi conductor Gerakl para seguir ruta.

Las señoras francesas regresaron a Khiva.

Por suerte Gerakl, aunque tampoco sabía mucho inglés, intentaba comunicarse y nos echamos muchas risas intentando entendernos.

Nos esperaban 200 km de desierto y calor. El coche, un Chevrolet Cobalt nuevecito, tenía aire acondicionado, pero a mí no me gusta y eso alegró mucho a Gerakl, pues no usar el AC es un ahorro importante de combustible.

Sólo lo pusimos a mediodía, cuando el sol apretaba fuerte.

La mayoría de los vehículos de combustión en Uzbekistán funcionan con gas.

El país tiene grandes reservas de gas y el combustible es barato.

Paramos a comer, comimos súper bien (el mejor kéfir que he probado) y a media tarde llegamos a Moynaq.

Moynaq y el cementerio de barcos

Fuimos a ver el museo que recuerda cómo era esta zona hasta hace apenas 60 años, con mar, pesca y prosperidad.

En el museo te explican con un vídeo todo lo que sucedió aquí, como la ambición de los soviéticos por ser el primer productor mundial de algodón a toda costa, acabó con el cuarto mar interior más grande del mundo.

El cementerio de barcos se encuentra muy cerca del museo, sólo hay que bajar unas escaleras y caminas sobre el lecho del antiguo mar.

La verdad es que se te encoge el corazón, una cosa es saber del gran desastre ecológico en esta zona remota y la otra es verlo con tus ojos.

Aún así en Moynaq se respira esperanza. 

Entre el turismo que va viniendo poco a poco y los nuevos yacimientos de gas y petróleo en la zona, ven una salida después de haber perdido su medio de vida.

Generaciones de pescadores se han quedado sin mar.

Y lo peor es que el lecho del antiguo mar está tan contaminado que no sirve para cultivo, ni siquiera para vivir ahí.

Cuando estaba explorando por los barcos abandonados (por cierto, puedes acampar entre los barcos, nadie te dirá nada, pero deja la zona como la encontraste), mi movil se quedó sin batería.

Así que subí y le dije a Gerakl que al día siguiente, bien temprano, volviésemos antes de emprender ruta hacia Nukus.

Cerca del museo y los barcos hay un campamento de yurtas, preguntamos a ver si nos podíamos quedar ahí, pero estaba cerrado. 

Así que confié en Gerakl y fuimos a un hostel que conocía, el Muynaq hostel, muy sencillo pero suficiente para una noche.

El alojamiento nos costó 11€ por persona, solo hay 3 habitaciones compartidas. Sin desayuno.

Está como a un par de kilómetros del cementerio de barcos y el museo, pero hay un bus que para delante y pasa con frecuencia.

Nos fuimos a un súper cercano y compramos algo para cocinar y cenar en el hostel y para el desayuno.

Cenamos y nos fuimos a dormir temprano, yo estaba cansada por las horas de coche, y Gerakl aún más, y al día siguiente tocaba palizón gordo de carretera.

Cuando me levanté al día siguiente, Gerakl había preparado un desayuno de reyes y lo había dispuesto todo en la mesa como si fuera un restaurante. ¡Qué majo este chico!.

Desayunamos bien, fuimos al cementerio de barcos a hacer las últimas fotos y emprendimos camino de vuelta a Khiva pasando por Nukus.

Necrópolis de Mizdahkan

Por el camino nos paramos en una impresionante necrópolis, donde queda clarísimo el nivel adquisitivo de sus moradores.

Hay lujosos panteones y humildes tumbas que no son más que agujeros en el suelo con unas barandas para no pisar. Hasta los muertos tienen estatus.

Hay un par de mausoleos antiguos restaurados que vale la pena visitar.

El enorme y antiguo cementerio ocupa una colina muy grande, lo mejor es subir hasta arriba del todo (hay unas escaleras cubiertas, una gran idea) y contemplar el paisaje desde arriba, caminando entre las tumbas.

Cuando estuve yo no había nadie (vivo) y se respiraba mucha paz.

La entrada es gratuita.

El Museo Igor Savitsky o Museo de arte de Nukus

​ 

Llegamos a Nukus a media mañana, fuimos directamente al museo Savitsky y entré a verlo.

La entrada me costó 82.000sums (unos 6€)

Aluciné. La colección de pinturas es de una calidad que no esperas encontrar en un sitio tan remoto ni en un recinto que no le hace justicia a las obras.

Me gusta el arte, pero no soy experta, aún así me sorprendió la calidad y la viveza de las obras expuestas.

La mayoria son cuadros, pero también hay alguna escultura y exponen objetos y ropas de otros tiempos.

Realmente vale la pena.

Inaugurado en 1966, el museo Igor Savitsky alberga una colección de más de 82.000 elementos, que van desde antigüedades de Corasmia al arte popular karakalpako.

Y excepcionalmente, la segunda colección más grande de la vanguardia rusa en el mundo (después de la del Museo Ruso de San Petesburgo).

Se llama así en honor de su fundador.

Igor Savitsky fue un pintor y arqueólogo nacido en Kiev. En los cincuenta se trasladó a Nukus.

En aquellos años muchos artistas del norte viajaron al Asia Central persiguiendo la inspiración que una realidad gris les negaba. 

Nombrado responsable del Museo Estatal en 1966, Savitsky tuvo la oportunidad de poder buscar objetos para su exhibición. 

Inicialmente se limitó a los descubrimientos arqueológicos y las piezas de etnografía local, pero poco a poco se fue interesando en el arte moderno. 

Comenzó así una arriesgada actividad. Igor Savitsky asumió la misión de coleccionar el arte censurado y prohibido por la Unión Soviética.

Se convirtió en el “benefactor de las viudas”, les compraba los cuadros a las mujeres de artistas malditos que habían cometido el crimen de pintar cuadros vanguardistas, alegres y coloridos, y habían acabado en Siberia o fusilados directamente.

Lo curioso es que Savitsky trabajaba para el gobierno que los había condenado y compraba a las viudas sus cuadros con dinero del Soviet.

Y cuando se acabaron las subvenciones, siguió comprando obras malditas con su propio dinero, hasta acumular miles de piezas.

La valentía de Igor Savitsky y el hecho de que Nukus está en un lugar remoto y polvoriento de difícil acceso, donde nadie va, y menos los comisarios políticos del Soviet, fué lo que salvó estas obras de arte.

Hoy en día el gobierno uzbeko ha tomado conciencia del valor del museo de Nukus y quiere trasladar las obras a la capital, lo cual ha supuesto un enfrentamiento importante con las autoridades de Karakalpakstán.

Realmente vale la pena visitar el museo. Yo fuí con las expectativas muy bajas y me sorprendió gratamente. Estuve casi tres horas en el museo. Si te gusta el arte vanguardista te encantará.

Una parada de melones

Cuando volví al coche era mediodía y tenía algo de hambre. Una vez fuera de Nukus le propuse a Gerakl hacer una parada y nos paramos en un puesto de melones.

¡Había miles de melones! De hecho, hoy en día la zona exporta gas, algodón y melones.

Están deliciosos. Gerakl aprovechó para comprar unos cuantos y seguimos camino.

Comer pescado del río Amu Daria

 

Un poco más adelante Gerakl me preguntó cómo andaba de hambre, le dije que sí había hambre. Me dijo que me llevaría a un sitio que me gustaría.

Cruzamos el río Amu Daria por un puente de lo más precario, más que un puente parecía una balsa apedazada sobre el agua, y paró al otro lado.

Había un local con un acuario donde metían los peces que iban pescando, unas carpas enormes. Sólo tienes que elegir una y te la cocinan. Gerakl eligió una carpa de 1’5kg (las había de hasta 4kg).

Nos sentamos en una mesa y al rato nos trajeron la carpa troceada, la habían cocinado con una especie de rebozado crujiente y cortado en rodajas.

¡Estaba deliciosa! La mejor comida de todo Uzbekistán sin duda. Con un poco de pan y una salsita picante acabamos con la carpa. No dejamos más que las espinas.

Con la tripa llena y una sonrisa nos metimos en el coche. Nos quedaban un par de horas para llegar a Khiva.

Me quedé frita. Ya he comentado que los conductores son un poco salvajes en este país, pero he de decir que Gerakl es un tío muy tranquilo, cuando puede apretar el acelerador le da, pero si la carretera no está bien pone mucho cuidado.

Regreso a Khiva

Antes de la puesta de sol, a eso de las 5 de la tarde, llegamos a Khiva.

Me encantó esta escapada al desierto, conocer Karakalpakstán me abrió los ojos a otras realiddes del país, que a veces no son agradables, pero hay que darles visibilidad.

Estoy muy agradecida a Gerakl, se portó muy bien y nos hemos hecho buenos amigos.

Si quieres el contacto de Gerakl +998 99 544 82 23. Siempre te saldrá más barato negociar con el conductor que con la agencia, no hay intermediarios.

Me ha prometido que se pondrá a estudiar inglés.

Si sois 4 personas os saldrá muy bien, y es un viaje muy enriquecedor, más aún con un conductor como él. Absolutamente recomendado.

Si quieres leer más sobre mi viaje a Uzbekistán:

10 curiosidades de Uzbekistán

Samarcanda me hechiza y no me quiere dejar ir

Bukhara, la perla del desierto

Khiva, un paseo por el tiempo.