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Konya, la ciudad de los corazones.

Eso es lo que dice el cartel de bienvenida, ya sabes, ese lugar donde hacerse la foto:

“Konya, city of hearts”, Konya, ciudad de los corazones.

A mí me dio una de cal y otra de arena.

Konya se encuentra en el sudoeste de la Capadocia, a unas 4 horas de bus. Leí por ahí que es un buen sitio de paso si vas de la Capadocia a Pammukale, que era adonde me dirigía. 

El viaje en bus de Capadocia a Pammukale es de unas 11h y, la verdad, no me apetecía otro palizón. Decidí hacer noche en Konya y hacer el viaje en dos etapas.

Me puse a buscar información sobre Konya. 

Es una ciudad de unos dos millones de habitantes, la quinta ciudad del país en población.

También es una de las ciudades más religiosas y conservadoras de Turquía.

Está a poco más de 1.000 metros sobre el nivel del mar.

¿Qué hago yo ahí, si, para empezar, no me gustan las grandes ciudades?

Konya es la cuna de la fraternidad sufí “Mevlevi”

El sufismo es una rama mística y filosófica del islam, mucho más tolerante y abierta.

Me interesé por el sufismo hace años, cuando vi “El señor Ibrahim y las flores del Corán”.

Con esa gran película aprendí que los turcos no son árabes, que Turquía no es un país islámico, es laico, aunque la mayoría de los que habitan su territorio son musulmanes. 

Pero también hay cristianos ortodoxos e incluso algún templo hindú.

Empecé a leer  los escritos de Jalal-ad-Din Muhàmmad Rumi, uno de los místicos sufís más universales, conocido en occidente como Rumi. Incluso tuve un gato negro, inteligente y sabio, que se llamaba Rumi.

Pues resulta que Rumi se asentó en Konya y fundó su fraternidad, la Mevlevi. Y allí está enterrado. Hay otras fraternidades o “tarikat”, pero la de Rumi es una de las más conocidas y seguidas.

En Turquía si hablas de Rumi no saben quien es. Pero en Konya lees “Mevlana” por todas partes. Porque Mevlevi es la fraternidad de Rumi. Rumi es Mevlana.

¿Qué se puede hacer en Konya?

Mi intención era llegar un sábado, porque había leído que los sábados por la tarde, en el Centro Cultural Mevlana, los derviches (monjes sufíes), ofrecen una hora de «Sema».

Esta danza, o meditación en movimiento, consiste en dar vueltas y vueltas sobre sí mismos con unos vestidos blancos con faldas largas voladas.

El espectáculo de los derviches giróvagos se ofrece por todas las zonas turísticas de Turquía, puedes ver la danza en Estambul o en Capadocia. 

Pero en la mayoría de los casos son espectáculos turísticos en los que pagas 30 o 40€ por ver a unos bailarines que ni son monjes ni meditan.

Para ver a los auténticos derviches giróvagos debes ir a alguna de las fraternidades que hay a las afueras de Estambul, pedir permiso y ser muy respetuoso.

O puedes verlos cada sábado por la tarde en el Centro Cultural de Konya.

Llegar a Konya el sábado, visitar el museo Mevlana, donde está su tumba y donde puedes ver cómo vivían los derviches en el siglo XI, cuando Rumi era su maestro, y en siglos posteriores. 

Y luego ir a ver a los derviches, irme a dormir y al día siguiente irme para Pammukale.

Ese era mi plan.

La realidad

Llegué a Konya pasado mediodía del sábado. El viaje en bus desde Göreme se me hizo corto y apacible.(4 horas)

En la estación de buses conocí a un chico francés de ascendencia vietnamita, y nos juntamos para intentar llegar al centro. Tomamos un autobús de línea pequeño y repleto hasta la bandera.

La ciudad, desde la ventanilla del bus, no parecía nada acogedora. Una gran ciudad, con ruido, con atascos, con contaminación.

Dos mujeres se pelearon en el bus. Estuvieron pegándose gritos durante los 50 minutos que duró el trayecto.

Estaba un poco abrumada, la verdad. Y el chico francés también. Teníamos ambos la sensación esa de “pero dónde me he metido”. 

Él bajó antes del bus, se alojaba cerca de la plaza Aladdin.

Al cabo de 20 minutos más, el conductor me indicó que me bajara, y eso hice, agradeciendo mentalmente a quien inventase el GPS y Maps.me

Sólo tuve que caminar unos 10 minutos para encontrar el Hotel Mevlana Palace, donde había decidido alojarme. Cerca del museo Mevlana y del centro cultural.

A pesar de su nombre prometedor, de sus 3 estrellas y de su precio, 17€, resultó ser el peor alojamiento de todo mi viaje por Turquía. 

La habitación, en la planta baja, olía a tabaco y humedad, estaba sucia y era absolutamente deprimente. Se oían los desagües de las habitaciones superiores, estaba todo roto… un hotel en plena decadencia.

Era sólo para una noche, era media tarde, no había comido y decidí ir a comer, ir a ver el museo y la mezquita principal y a las 7 de la tarde acercarme a la casa de cultura a ver los derviches. 

Levantarme temprano y salir de ahí por patas.

La parte de la ciudad en la que me encontraba era fea. Pero fea de verdad. Me costó encontrar un sitio donde comer y luego me dirigí al museo. Eran más de las 5 de la tarde y ya estaba cerrado.

Empecé a caminar hacia la Casa de Cultura, que se hallaba a un par de kilómetros del museo, caminando por una explanada inmensa y muy cuidada, un sitio cuando menos agradable.

Llegué a la Casa de Cultura y pregunté. En efecto, la “Sema” se celebraría a las 19:00h y cuesta 30TL (3€).

Me quedé deambulando por el edificio, donde se ofrecían artesanías e información sobre la cultura de Konia, hasta la hora de la ceremonia.

Estuve mirando con el móvil buses para irme a Pammukale al día siguiente, pero era domingo y los horarios de buses eran rarísismos, salían a partir  de las 8 de la noche… el trayecto dura unas 6-7 horas, conviene llegar a una hora decente, porque llegar de madrugada a un sitio nuevo es un error, lo sé por experiencia..

Confieso que antes de que empezara la danza estaba desalentada. Sentía que me había metido en un sitio que no me estaba aportando nada más que problemas.

Pero cuando empezó la danza, me dejé llevar y me sumí en mi propia meditación mientras veía a aquellos 22 monjes dando vueltas con los ojos cerrados, creando círculos concéntricos, dejándose llevar por la música en directo.

El pie izquierdo anclado al suelo, es la tierra. El derecho, que es el que da vueltas, es el universo. Los brazos extendidos, la mano izquierda hacia abajo y la derecha hacia arriba, para unir lo místico con lo terrenal, la cabeza, con el sombrero largo marrón, ladeada…

¡Me encantó! Y me curó todos los males. Salí de allí flotando y vi claro qué debía hacer: dormiría en el hotel cutre y al día siguiente buscaría otro sitio, otro barrio, y me quedaría una noche más, así podía ir a ver el museo.

Si no te gusta tu realidad, ¡cámbiala!

Dormí danzando, por la mañana tomé una buena ducha y un mal desayuno, agarré mi mochila y salí de allí. Había encontrado un barrio que parecía interesante y estaba a unos 700m de donde me encontraba.

Caminar con la mochila por una ciudad caótica es complicado, pero estaba decidida a cambiar mi realidad. Los derviches me lo cantaban en mi cabeza.

Me dejé llevar y encontré el barrio de Aziziye, con una pequeña y hermosa mezquita, sembrado de casas antiguas y muy cerca del museo. ¡Aquí me quedo!

Me alojé en el Aziziye Hotel, pequeño, con encanto, justo al lado de la mezquita, regentado por una familia muy agradable, mi habitación era limpia y luminosa…¡y más barata! (12€)

Como llegué temprano y tenían que limpiar la habitación, dejé mi mochila en recepción y fuí al museo Mevlana. Era domingo, la entrada era gratuita y hacía un día perfecto, el sol brillaba y lo iluminaba todo.

Al salir del museo me encontré con un maestro sufí a quien mostré mis respetos y hablé con él. No sabía mucho inglés pero nos entendimos. Le pregunté si le podía hacer una foto y me dijo que sí.

¡Demostrado! Tu actitud puede cambiar tu realidad

Todo había cambiado. De pronto me sentí en un lugar acogedor, con gente amable y apenas ningún turista.

Volví al hotel, tomé posesión de mi habitación y salí a comer algo. Justo enfrente de la mezquita Aziziye hay un pequeño lugar donde hacen “pides” auténticos, no esas pizzas turcas que venden en todas partes.

El “pide” es una base fina y  crujiente de unos 80cm de largo por 20 de ancho cubierta con carne y vegetales, te la ponen sobre una madera larga, aparte te ponen un plato con hierbas (rúcula, escarola…), otro con chilis verdes, que pican un montón, y otro con trozos de tomate. Y medio limón. Sin cubiertos.

Extiendes las hierbas por encima del “pide”, le echas el zumo de limón, rompes un trocito y… ¡es delicioso!. Se come con ayran, un yogur líquido y ligeramente salado.

Me lo zampé todo, siguiendo las instrucciones del camarero, muy simpático, que me iba indicando los pasos a seguir.

Cuando acabo le pregunto por un çay, el té típico, y me indica un callejón donde hay una tetería. Ellos sólo hacen “pides”, el té, allí.

Voy para allá y veo que el callejón está lleno de mesitas y bancos bajos, y hay gente sentada tomando su çay. Sólo hombres.

Me corto un poco, pero si me lo ha dicho el camarero es que puedo, busco una mesita libre y me siento. Me observan con curiosidad. Pido mi çay y me lío un cigarro, me gusta fumarme un cigarrito después de comer, con mi té.

Soy la atracción del lugar, pero mantengo el tipo. Un hombre mayor se sienta en mi mesa y me ofrece una sonrisa. Todo va bien. Estoy a gusto, me miran pero nadie se mete conmigo y aparecen sonrisas cómplices. 

Me relajo, me pido otro çay, me acabo mi cigarro, me despido del señor de mi mesa y voy a pagar. Me dicen que no debo nada, que invita la casa. Hospitalidad turca.

Ese momento fué mágico y especial. Muy bonito y auténtico. No tengo fotos porque había dejado el móvil cargándose en el hotel.

Konya es una ciudad turca, no es turística. No hay postureo fuera de las atracciones principales, y hay mucha vida.

La tarde fué deliciosa. Ya con el móvil cargado, entré en la pequeña mezquita de Aziziye, muy bonita y luminosa por dentro, y luego pasé el rato callejeando por el barrio.

Es un barrio singular, de edificios antiguos de dos o tres plantas, con una zona peatonal y comercial para la gente del lugar. 

Las tiendas se dividen en gremios: joyerías, cacharros de cocina, ropa, especias… 

Las calles están limpias y hay bastante gente, aunque el domingo por la tarde cierran pronto.

Ya de noche regreso al hotel y ¡están jugando a “tavla”!

Es el juego nacional de Turquía, es una variedad de Backgammon, antes veías a todo el mundo jugando “tavla” por las calles, pero desde que existen los smartphones y los culebrones turcos, se ha dejado de jugar.

Siguen habiendo locales para jugar y siguen habiendo campeonatos, pero es raro ver gente jugando por las calles.

Están jugando el dueño del hotel y un amigo, mientras la abuela ve el culebrón turco por la tele y les echa un vistazo a un par de niños que corretean por ahí, sus nietos.

Me entusiasmo tanto al ver que están jugando a “tavla”, que me invitan a jugar. Gano la primera partida (seguro que me dejaron ganar, porque no juego mal, pero ellos son unos cracks), pierdo la segunda y salgo del juego, pues hay gente esperando (hombres todos) y quien pierde, sale.

Conclusión

Me fuí a dormir con el corazón contento. La cosa no empezó muy bien en Konya, pero supe darle la vuelta.

En Konya me encontré con la Turquía auténtica, me dio una de cal y una de arena, me enseñó su parte oscura y su parte brillante, y al final me quedé dos noches.

Me demostró que no debemos quedarnos nunca con la primera impresión, que todos los rincones del mundo tienen algo que vale la pena y que puedes cambiar la percepción de tu realidad con tu actitud. Una gran lección.

Aunque  el alojamiento es más caro, porque no hay hostels, la comida es increíblemente barata, el fantástico “pide” me costó 18TL (1,8€), compré especias y frutos secos para el bus por casi nada, los çays cuestan 30 céntimos de euro, la entrada al museo me salió gratis… sólo pagué los 3 € para la “Sema” (danza derviche).

Luego me enteré de que también se puede visitar algún antiguo “caravasar», que son las estructuras donde se detenían los comerciantes de la ruta de la seda, con sus animales y sus productos. No me importará volver, ahora que ya sé dónde está la luz.

 

 

Presupuesto:

Alojamiento: 17€ + 12€ = 29€ (desayuno incluido)

Comida: 15€

Entradas: 3€danza derviche en Casa de Cultura. El museo era gratis y callejear no tiene precio.

Bus Góreme-Konya: 8€

Bus urbano Konya- estación autobuses (ida y vuelta): 3€

Total Konya: 58€ x 2 días

Presupuesto diario: 29€

 

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¡Sí, la quiero!