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Turquía

Después de dos semanas por Estambul, Capadocia, Konya y Pammukale se acabó mi itinerario programado, decidí que las dos últimas semanas serían más de dejarse llevar.

Y me llevaron a un paseo delicioso y sorprendente por la Ruta Licia.

Mi idea era llegar a Fethiye, pasar un par de días de reencuentro con el mar y luego empezar a recorrer la costa hacia el norte: Bodrum, Éfeso, Troya… hasta llegar a Estambul.

La ruta licia

¿Habías oído hablar de la Ruta Licia o Lycian Way? 

Es un camino que va desde Fethiye hasta Antalya, se puede hacer a pie por las montañas que bordean la costa.

Es una ruta de unos 500km y hay tramos empinados, encontré mucha gente que la estaba haciendo y todos estaban encantados y agotados.

Tienes que ir bien equipada y estar en forma. Vas por el bosque o montaña, no hay alojamientos ni servicios, se puede acampar en cualquier parte mientras no se señalice como prohibido. También puedes parar en alguna de las ciudades o pueblos si necesitas tomar un respiro y una ducha o comprar comida.

Me he quedado con ganas de hacer, al menos, un tramo.

Fethiye

Estuve 2 noches en el Chillsteps Hostel, un sitio donde descansar y respirar un poco después de tantas sensaciones. Está lejos de la ciudad y cerca de una playa tranquila. ¡Lo que necesitaba!

Allí cargué pilas, trabajé un poco, hablé con mucha gente distinta y bonita, lavé ropa, cociné… ya sabes, esas pequeñas cosas que se echan en falta cuando estás en ruta.

Todo el mundo, desde viajeros de muchas partes a la gente local, me decían que no me podía ir sin pasar por Kas, la playa de Patara, Çirali…

¡Pero eso me pillaba hacia el otro lado! Tenía claro bordear la costa, pero esto era ir en la otra dirección, alejándome de Estambul.

Al final decidí que no me lo podía perder. Bordearía la costa hacia el este hasta Antalya y allí tomaría un vuelo a Estambul para enlazar con el de regreso a casa.

Con las pilas cargadas y la decisión firme, me fuí a Fethiye a explorar un poco y dormí en un hostel cuyo nombre mejor olvidar cerca de la estación de autobuses.

No me gustó mucho Fethiye. Es una ciudad turística costera como cualquier otra. 

Lo mejor fué el mercado. Comí allí mismo y estuvo muy bien, muy local, aunque cuidado a la hora de pagar porque te dicen un precio desorbitado, tienes que quejarte y ahí empieza el regateo.

O pagas el triple de su precio que aún así para nosotros es barato.

Total, que no tenía ganas de ciudad costera. Tenía ganas de playas vírgenes, de entornos naturales… Me fui a Patara.

Patara

El bus de Fethiye a Patara lleva un poco más de una hora de trayecto.

Te deja en el cruce, arriba, donde tienes que tomar un dolmus (minibus) hasta Gelemis.

Fué la única vez que me quedé un poco colgada. Esperé un rato pero no había señales de dolmus. Era mediodía y también paran para comer. 

Una chica suiza había bajado como yo del bus e iba a Gelemis, así que decidimos hacer autostop.  No pasaban muchos coches, pero uno se paró y nos llevó al pueblo.

Patara fué una antigua ciudad licia junto al mar en la desembocadura del río Xanthos, con mucha actividad comercial. Como en casi toda esta zona, fué puerto heleno, luego romano, griego…

Las ruinas están entre la playa y el pequeño pueblo de Gelemis, donde sólo hay un par de supermercados, un puñado de tiendecitas turísticas y algún pequeño restaurante.

¡Lo justo para sobrevivir!

Me alojé en el Medusa Camping Bar, alquilé un bungalow dónde sólo había una bombilla, un ventilador y una cama, los lavabos compartidos.

Me costó 12€ con desayuno incluido. ¡Y vaya desayuno!

La gente que lleva el sitio es muy maja, hay muy buen ambiente en el bar y tienen clientela fija.

¡Pues ahí me quedé 3 noches! Era lo que buscaba, el Mar con mayúsculas.

Para llegar a la playa hay unos 2km. Sales del pueblito, caminas hasta que encuentras la barrera (o vas en coche, o en moto, o en bici…) Allí pagas 4€ (40TL)que es lo que cuesta la entrada a las ruinas.

Pasas la barrera y un poco más abajo empiezas a ver el esqueleto de la ciudad. ¡Era una ciudad grande!

Vas caminando y vas viendo ruinas, puedes meterte entre ellas y explorar, eso sí, hay maleza por todas partes, hay perros, ovejas y cabras deambulando por ahí…

Y llegas a la playa, es enorme. A pesar de ser una playa mediterránea me recordó más a las playas atlánticas de Portugal. Soplaba viento. 

Es una playa extensa y abierta, con dunas. No hay ninguna edificación excepto una casita de madera con una zona cubierta para comer que es del gobierno. 

Es una especie de self-service con una manera de funcionar muy rara, se rieron mucho a mi costa porque no me enteraba de nada, yo también me reí. 

No había mucha gente y es barato, hacen comidas sencillas, helados, refrescos…

Como pasé todo el día en la playa me vino muy bien, la verdad.

Después de comer algo en el “chiringuito”, me fuí a refugiar en la vegetación de las dunas, el viento era cada vez más fuerte, desde allí hice un directo de Instagram (estoy muy loca) y después me quedé frita.

Me desperté a media tarde y me puse en marcha para regresar a Gelemis.

La vuelta se me hizo más dura pero pasó un coche, le señalé que parara (moviendo la mano de arriba abajo) y una joven pareja turca me llevó hasta el pueblecito. 

Es muy fácil hacer autostop en Turquía. 

El día siguiente lo pasé paseando por el pueblo y alrededores y por la tarde fuí a explorar las dunas.

Me encantó Patara, quizá demasiado tranquila para según quien, pero era lo que en ese momento me apetecía

Al día siguiente aproveché para trabajar un poco y reorganizarme para la siguiente parada: Kas

Kas

Dolmus hasta el cruce, y a esperar el bus hacia Kas. Otro recorrido entre montañas y junto al mar y llegas a esta pequeña ciudad costera. 

Kas era un pueblo de pescadores que está sucumbiendo al turismo, pero aún conserva encanto y autenticidad. Eso sí, ponte zapatos antideslizantes porque está en cuesta y, no sé porqué, las calles resbalan mucho.

El alojamiento es más caro, a esta zona la llaman la Riviera Turquesa y pretenden que se convierta en un reducto de rusos jubilados con dinero.

Encontré una habitación compartida de dos literas por 17€. Fué lo más barato que encontré en ese momento. Recomendable llevarse la tienda y dormir en el camping.

Recorrí playas en Kas, pero el mejor día fué cuando fuí a ver los barcos que salían del puerto. 

Encontré una pequeña goleta turca a motor que hacía una bonita excursión a Kalikoy y la ciudad sumergida de Kekova ¡por 150L, sólo 15€, con la comida incluida! Evidentemente, me subí al barco.

A pesar de ser bien entrado octubre, el tiempo nos acompañó, hizo un día soleado y cálido, nos bañamos varias veces en un mar que parecía tinta de tan azul, conocí a dos chicas de la capital muy majas y al final se nos juntaron dos hombres de Antalya y estuvimos todo el día juntos jugando como niños en el barco.

Un día delicioso, de esos que surgen de la improvisación y te dan lo mejor.

Regresamos cuando se ponía el sol, realmente fué un día precioso que no olvidaré.

Al día siguiente salía hacia Demre.

Demre

 

La verdad es que es una ciudad bastante anodina, pero me paré allí porque quería visitar las ruinas de Mira, que realmente valen la pena.

Una curiosidad sobre Demre: a pesar de estar rodeada de invernaderos y cultivar todo tipo de frutas y verduras, me resultó imposible encontrar fruta en la ciudad. Hay un super cada 20m, pero en ninguno tenían fruta. Curioso ¿Verdad?

Çirali y Olympus

Mi viaje estaba acabando, y decidí llegar a este lugar privilegiado, las playas de Çirali y Olympus, para acabar con una bonita guinda.

Es un pueblo pequeño, bastante turístico, algo más grande que Patara y lleno de hotelitos con encanto.

Como en Patara, aquí también vienen a desovar las tortugas careta, por lo que no se puede estar en la playa de noche (aunque no fuera época de desove)

Aquí sí me resultó difícil encontrar un alojamiento barato. 

Después de recorrer todos los campings y alojamientos modestos, donde me pedían 350 liras (35€) por noche, encontré un pequeño establecimiento regentado por dos chicos muy simpáticos que me alquilaron una habitación por 200 liras, 20€.

Está muy bien situado, cerca de la playa y de la zona de restaurantes, pero apartado del ruido. Se llama Oleander Rooms and restaurant.

Hay alojamientos más económicos, pero estábamos a finales de octubre, muchos alojamientos y restaurantes ya habían cerrado.

Supongo que en verano debe de ser un hervidero de gente, pero llegué los últimos días de la temporada y se estaba muy bien.

Además el alojamiento se encontraba al final de la playa de Çirali, muy cerca de la playa de Olympus, mucho más bonita.

Super recomendable visitar las ruinas de Olympus, realmente te transportan a otro tiempo. Están justo detrás de la playa, de hecho la entrada a pie se hace desde la playa.

Esos 3 últimos días en Çirali fueron muy agradables y nostálgicos, tomar consciencia de que el viaje se acaba y disfrutar a tope de las playas, la gente bonita, los desayunos monstruosos y la luz de la costa licia.

Se acababa la temporada y mi viaje por Turquía. Últimos bañitos en un mar limpio y hermoso, últimas cervecitas en la playa…

Antalya

Después de 3 días en Çirali, cogí el dolmus hasta la carretera y luego bus hasta Antaliya.

Fué el único bus en el que fuí como una sardina, sentada atrás con un chico muy corpulento que ocupaba los dos asientos.

Por suerte en una parada del camino quedó alguna plaza libre y me pude mover de sitio, estaba ya medio aplastada.

Sólo pasé una noche en Antalya, o sea que no puedo contar mucho. Me alojé en el barrio antiguo, muy bonito y con mucha personalidad.

Antalya es grande, turística y bulliciosa. Quizá merezca una visita más a fondo.

Madrugué a la mañana siguiente, tomé el único taxi de todo el viaje, pues me sobraban liras y ya me iba, y me dirigí al aeropuerto para tomar el vuelo a Estambul.

Por la tarde tomé mi vuelo Estambul-Barcelona, o sea que fué un día de aeropuertos, con los ojos llenos del azul del mar licio y de los paisajes y las ruinas que había visitado y el corazón feliz.

Conclusión

Desconocía por completo la ruta licia. De hecho no me encontré con un solo español, topé con algún argentino, pero la mayoría de extranjeros era rusa o alemana.

De haber sabido que existía una ruta tan bonita, y que haría un tiempo genial, me hubiera llevado mi tienda ligera y el saco de dormir. 

Si vas bien equipada, puede salirte más económico, pues como puedes ver mi presupuesto, que había sido de 30€ diarios, ascendió a 40€ los quince días que estuve por la costa licia.

Valió mucho la pena cambiar mi itinerario y lo disfruté muchísimo.

Te recomiendo que, si no vas en temporada alta, te pases por esta zona llena de sorpresas, ruinas y paisajes increíbles.

Supongo que en julio y agosto debe estar petada de rusos, pero octubre, abril, mayo son épocas geniales para disfrutar de una zona que aún mantiene su esencia, aunque me temo que no por mucho tiempo.

Turquía es muy grande y queda mucho por explorar. Me queda aún el norte, el Mar Negro, el Monte Nemrut del que me han hablado maravillas, los terriorios del este, mucho más inhóspitos y vírgenes.

Me ha sorprendido, ha superado mis expectativas y, no me cansaré de decirlo, su gente es increíble, siempre dispuesta a ayudar sin juzgar, con un corazón enorme, muy hospitalarios y agradecidos.

Aunque es un país muy occidentalizado, aún prevalecen valores muy asiáticos, como el caos, la hospitalidad, la sonrisa, los tés, ¡y que conducen como locos!

Ya sabes, si quieres que te ayude a crear tu viaje a Turquía, aquí estoy.

Y si quieres comentar el artículo o preguntarme algo, puedes hacerlo al final de la página. ¡Gracias!

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