fbpx

Primeros pasos

Ya de regreso en casa puedo decir que viajar sola por Turquía es seguro, divertido y una experiencia que no olvidaré.

Aunque estaba en mi lista de países por visitar, no aparecía el momento de hacer un viaje de piel a Turquía. Siempre había destinos más lejanos y exóticos que me atraían más.

Con la pandemia y el cierre de países asiáticos, con dos fantásticos viajes a África a mis espaldas, el verano pasado miré el mapa y sí, allí estaba Turquía, llamándome. Y allí he estado del 01 al 28 de octubre.

Para entrar a Turquía ahora mismo, si eres de España y tienes el certificado de vacunación no necesitas PCR, no hace falta visado, está a 4 horas de avión, está llena de paisajes, naturaleza, ruinas milenarias… ¡y la vida es más barata allí! 

Cuando eliges un destino, hay que sopesar todo, y en ese momento vi algún inconveniente:

Hoy en día es un país muy turístico, o sea que el factor sorpresa desaparece un poco (eso pensé yo, equivocadamente) y los turcos tienen mala fama, escuchas comentarios como: ¿no te da cosa viajar sola a un país musulmán? Pues para empezar Turquía es un estado laico con mayoría musulmana, no es un estado islámico. 

Y aunque lo fuera, en los países o zonas musulmanas en los que he estado siempre me han tratado muy bien, y Turquía no ha sido menos.

¡Ha sido mucho más! He de decir que he estado en muchos sitios: Latinoamérica, Asia, África, Oceanía, Europa…y en ninguno me he sentido tan segura, tan bien recibida y tan bien tratada como en Turquía. Sobre todo en los lugares menos turísticos.

O sea que todos los prejuicios pre viaje se me cayeron al suelo, y por otro lado me encontré con otras sorpresas.

Por supuesto que en las zonas turísticas hay listillos que quieren sacarte todo el dinero a ser posible, pero eso pasa en todas partes y los detectas rápido y los mandas a paseo amablemente.

En general la gente te ayuda, empatiza contigo rápidamente y las sonrisas, gestos de complicidad, regalos improvisados y çays de cortesía (el típico té turco, negro, fuerte, en vaso de cristal, con platito y terrón de azúcar) abundan cada día. 

Tengo mil anécdotas de risas, malentendidos, gestos, sonrisas y empatía. Sin juzgar, sin preguntar porqué viajo sola, ni todas esas chorradas que escuchas tan a menudo, sin condescendencia.

Me he sentido querida en Turquía. La gente vive y deja vivir.

He estado deambulando por Turquía 4 semanas, sola, he recorrido miles de kilómetros en bus, he dormido en montones de sitios, probado todo tipo de comidas y practicado mucho las sonrisas y la comunicación gestual.

Porque algo que no me esperaba de Turquía es que se habla muy poco inglés, sólo en las zonas más turísticas como Estambul, Capadocia, Pamukkale, y el nivel en general es muy bajo. 

Y ya no te cuento si vas a Konya, una ciudad muy tradicional y nada turística, ahí tienes que echar mano del Google translator y de la comunicación no verbal.

Y sí, puede parecer un inconveniente al principio, pero esas conversaciones con gestos, malentendidos, risas, translator y, por supuesto, çay (que no falte el té), son de lo mejor de un viaje de piel.

En la Costa Turquesa hay bastante turismo, pero apenas se habla inglés. La mayoría de los turistas son rusos o alemanes, sobre todo rusos, muchos rusos en grandes grupos. Por tanto la gente de allí ha aprendido a hablar ruso y alemán. ¡O sea que si sabes alemán o ruso, es una ventaja!

Lo mejor es aprender unas palabras en turco (pensé yo), pero el turco no es fácil, te lo digo desde ya, y además, si les saludas en turco dan por sentado que sabes hablarlo y te hablan como si te enterases de algo.

En realidad es la mejor manera de aprender, porque te van sonando palabras, pero se te queda una cara pan… y entras en el mundo de los gestos y el Google translator.

O sea que, como pasa siempre cuando conoces una nueva cultura, no tiene nada que ver con la idea preconcebida que tenías de ella, y eso me encanta.

 

 

Planificación del viaje

Me había hecho un itinerario de los primeros 15 días, dejando el resto a la improvisación.

Tenía claro que, al ser mi primera vez en Turquía, empezaría por los sitios más turísticos:

Estambul, Capadocia, Pammukale. Os voy contando mi experiencia en esos lugares en las siguientes entradas del blog. 

Se me metió en la cabeza ir a Konya, la cuna del sufismo, donde está enterrado Mevlana Rumi y además ir en sábado, porque sabía que los sábados por la tarde, en el centro cultural, puedes ver a los derviches giróvagos efectuar su meditación en movimiento, dando vueltas sobre ellos mismos…¡Y lo hice! 

Y lo disfruté muchísimo, me encantó esta ciudad mística, la ciudad de los corazones… aunque no hay apenas extranjeros… Precisamente, porque no hay turistas, pude disfrutar de un mercado real, de las tiendas de especias, de todo eso que está en el imaginario de Turquía y que apenas vi en los sitios turísticos.

Los lugares más masificados son la Capadocia y Pamukkale. No me gusta nada sentirme parte del rebaño, rechazo de plano las «turistadas», no me subí en globo en Capadocia y a Pamukkale llegué a primera hora y me fui en cuanto las primeras hordas de autobuses rusos invadieron el lugar.

No me arrepiento de haberlo hecho, son lugares hermosos que vale la pena visitar, pero me produce una gran tristeza la superexplotación turística, sobre todo en Pamukkale… ya te contaré

Cambio de rumbo.

Como decía, acabé mi itinerario en Pamukkale, y decidí que iría a Fethiye, en la costa, y que a partir de ahí iría siguiendo la costa hacia el norte para acabar en Estambul de nuevo. Me quedaban dos semanas, miré paradas en el mapa: Bodrum, Esmirna, Éfeso, Troya, la costa del Egeo… ¡no pinta nada mal!.

Como digo siempre, en los viajes de piel hay un momento en que el viaje toma vida propia, es él quien te lleva a ti, y en Fethiye cambió mi rumbo.

Y es que todo el mundo me hablaba del pequeño universo que existe entre Fethiye y Antalya, siguiendo la costa hacia el este: la ruta licia. Se puede hacer a pie, son 500 km. Encontré gente haciendo la ruta y lo disfrutaban mucho, aunque es dura. 

Caminas entre las montañas que están pegadas al mar, por bosques, está permitido acampar excepto en las zonas señaladas como prohibidas…

Pues eso, decidí girar 180º y seguir la ruta licia en bus (no estaba preparada para hacerla a pie, ni tenía equipamiento ni estaba en forma), parando en los sitios que más me llamaran la atención hasta Antalya, y allí tomar un vuelo a Estambul.

¡Y acerté!

Patara, Kas, Demre, Círali, Antalya… dos semanas disfrutando de una costa increíble, y mira que yo soy más de montaña que de mar… ¡pero la cosa es que la montaña llega hasta el mar, lo tienes todo ahí mismo!.

El azul del mar en esta zona es increíble, por eso la llaman la Costa Turquesa… nunca había visto un mar tan hermoso, aún siendo mediterránea como soy, me pilló por sorpresa tanta belleza. Y me enganchó hasta tal punto que incluso me pasé un día navegando en una goleta turca (eso sí, a motor) ¡yo, que me mareo un montón! Y lo disfruté muchísimo, ya os iré contando… 

Curiosidades de Turquía

Cuando llevas unos días empiezas a tomarle el pulso al ritmo del país: no son muy madrugadores, comen a todas horas y, aunque Turquía es un estado laico y está muy occidentalizado, tiene un punto de caos que me encanta.

Si estás en cualquier estación de autobuses a las 10, enseguida encuentras un bus que te lleve donde quieres, deduje que las 10 es una hora punta de los autobuses, ¡a esa hora salen todos! Probablemente haya otras horas punta, pero a mí me gusta viajar por la mañana.

Lo que más me ha gustado es el trato a los animales callejeros. Estambul (y de hecho todo el territorio) está lleno de perros y gatos callejeros. Están bien cuidados, esterilizados y vacunados (al menos los perros). No se meten con nadie y nadie les molesta. Personas, perros y gatos comparten la calle con mutuo respeto.

Hay sitios donde dejar comida a los animales de la calle, por todas partes hay cuencos con agua, los perros y gatos se mueven entre la gente… ¡y no he visto ni una caca de perro por la calle, ni una! Tendríamos que aprender cómo hacerlo, porque una sociedad que respeta a los animales de este modo dice mucho de sí misma..

¡Y las llamadas a la oración! Cómo las echo a faltar… ya sabía que han de ser un mínimo de 5 al día, pero me liaba con las horas… 

Cada madrugada me despertaba con la primera llamada y me quedaba remoloneando hasta la segunda, que te dice que ya ha salido el sol. Cuando viajo madrugo bastante, mi alma quiere aprovechar los días al máximo.

Y los desayunos turcos, ¡madre mía! Daban para todo el día, fuí incapaz de acabarme uno, qué delicia, qué chute de vitaminas, hidratos, mermeladas, quesos, fruta…y ¡çay a cubos!

De hecho los desayunos me mantenían hasta las 5 o 6 de la tarde, entonces me iba a comer ¡porque en Turquía se come a cualquier hora, y eso me encanta!.

Muchas mujeres llevan hiyab (pañuelo en la cabeza), pero hay muchas que no lo llevan, y en algún lugar más tradicional vi algún nikab (tapadas de arriba abajo de negro, con velo negro, sólo se les ven los ojos), pero contados. No ví ninguna burka, las parejas se cogen de la mano como en occidente y ¡todo el mundo fuma!.

Eso es algo que también me ha sorprendido, en una época antitabaco, en un país de mayoría musulmana, fuma todo dios, hombres, mujeres, incluso ví a algún chaval de 12 o 13 años fumando.

No me molesta que se fume, he sido fumadora y a veces me fumo algún cigarro, lo que sí me molestaba eran las habitaciones con olor a tabacazo turco impregnado en las paredes y el hecho de encontrar colillas tiradas por todas partes.

Como ves hay mucho que contar, o sea que voy a ir desmigando el viaje para poder compartir todo lo aprendido de Turquía, porque vale mucho la pena… ¡a mí me ha hechizado!